Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO", "EL MANANTIAL" y "HOLMES Y EL CASO DE LOS OCHO ESTÓMAGOS", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

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lunes, 9 de agosto de 2021

Tiempo de amor y mar

 

Título: TIEMPO DE AMOR Y MAR

Autor: Francisco Álvarez Velasco 

Año: 2021

Editorial: Eolas Ediciones

Páginas: 126

 

Texto de contraportada: En el título, Tiempo de amor y mar, Francisco Álvarez Velasco resume los temas que le han venido obsesionando en todos sus libros: la fugacidad de la existencia, el amor tanto carnal como platónico, la muerte («la mar, que es el morir») y el diálogo con la naturaleza. Temas todos ellos que el poeta aborda desde la perspectiva de la niñez, por eso una parte se titula «Jardín de infancia», o desde el tiempo de la escritura del libro.

 

Y aceptación de la realidad existencial: «La vida es como es / y no vienen al caso / los empeños del hombre. / [En cambio, de la muerte / nunca se sabe / porque nadie ha vuelto, / excepto el hermano de María y de Marta / y aquel de Nazaret, al cabo de tres días, / pero nada dijeron]».

 

EN LACE donde comprar "Tiempo de amor y mar":

https://www.eolasediciones.es/catalogo/coleccion-leteo/tiempo-de-amor-y-mar/

 

 


 

(El mérito de todo el texto en cursiva presente en esta reseña es del poeta.)

El nuevo poemario de Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar, León, 1940) acaba con un atardecer de oro, atardecer que antecede a los recuerdos y al mismísimo final del libro porque la vida se termina en un silencio, afirmación que en sí misma parece una obviedad, pero el poeta añade en el siguiente verso, con certero juicio, un silencio como de pozo seco, / como una piedra que nunca ha movido nadie, señalando al escenario –ya sea el de los recuerdos, el de la infancia, el de la ausencia y el de la eterna naturaleza, todos aquí presentes– como fedatarios de una despedida encubierta de poemario; y es que es eso justamente “Tiempo de amor y mar”, casi una prórroga, la inminencia del adiós.

Desde el primero de los poemas, nombrado “Las dos orillas”, hasta el último de ellos, titulado “Final”, se extiende todo un mundo por el que rezar, soñar, una comarca a la que escuchar en silencio, como hay que escuchar a muchas de sus casas, silenciosas custodias de otras épocas. En el anteriormente referido “Las dos orillas” ya está presente el final, el final latente ya el mismísimo principio:

Mejor, vuelve al principio

–aquel buen territorio

cuando empezó la vida–.

Vuelve a los álamos,

junto a la fuente fría;

al crepitar ardiente del centeno,

a los ojos aquellos que miraban

y miraban atentos

debajo de los puentes

cómo el agua corría,

                                    limpia y clara,

en su eterno pasar.

 

Eterno retorno, casi al modo de las “Variaciones Goldberg” de Bach: es fácil imaginar a Cecilio Testón, a tenor de lo dicho en el poema “La violencia de las horas”, escuchando esta música y estos versos u otros del autor de “Gregor Samsa frente a la ventana”, y nosotros escuchándolo todo como el pintor asturiano. Eterno discurrir el de estos versos en busca de la verdad existente más allá de las palabras, del agua en busca de la mar y del amor en pos de la memoria. Porque el amor y la mar –cuando no la mera reminiscencia de ellos– domestican el mundo, lo hacen habitable, porque de eso escribe el poeta, de este tiempo/territorio que es, a un mismo tiempo, amor y mar, alfa y omega, principio y fin, desgaste, demolición, vida. 

De una parte está el amor, que tiene valor de oro/, de plata o de acero y que inhibe el silencio, la seca soledad, o tiende todos los puentes de la vida y no se olvida de las manos, los labios, la lengua  porque la piel de la persona es mapa de olvido, esencialmente un amor hecho de ojos  pero también hecho de tarde, de las sombras de la noche . Por eso Álvarez Velasco pide Dame tu noche de coral y sombras a alguien que le conoce bien, solos tú y yo y el fuego fundidos contra el mundo, sabedor que esa máxima que afirma que del todo no se van los bienamados.

De otra parte, la mar y su ansiedad insaciable con sus gaviotas y sus chillidos salvajes en la noche, erizada de perros viejos y algas podridas. La mar como heraldo que a veces me está llamando a voces y que el poeta en ocasiones no entiende, o finge no entenderla, Dime, oh mar, dime qué me estás diciendo. La mar como destino del que es posible que llegue al buzón una postal de ultramar con palomas, violetas y un te quiero. Como espejo de lo que sucede tierra adentro, la mar centenal de las espigas. Como norte de ese juego infantil de vaciar toda la mar en un pozo. Sea como fuere, siempre la mar lejana, la mar amarga.

Francisco Álvarez Velasco, ganador entre otros del IX Premio Internacional de Poesía "Antonio Machado en Baeza", del Premio de la Crítica de Asturias 2005, Premio Jaén de poesía 2015 y Premio de la Crítica de Asturias, regresa al eatro literario tras su novela “Incursión del demonio meridiano” con un nuevo poemario donde retoma muchos de los temas que le son queridos y que ya poblaban “Noche” o “Memoria de la sombra”, donde habita el silencio del mundo, o se revuelve el tiempo en remolinos, donde es posible oír gota a gota los andares del tiempo” con la certeza de que este tiempo no es tuyo y de que nadie me abre la puerta de la casa del olvido.

Señalar que uno de los poemas más demoledores y menos ambiguos es “La violencia de las horas”, doloroso rosario de pérdidas; que permanece latente la ausencia de la madre del autor en “2 de noviembre” y en “Hoja de otoño”, y que, además, hay incluso ocasión para reivindicar el país de la infancia, la de los que lo tienen todo y también la de de esos niños Jesús que fueron nacidos en pateras. 

Pidiendo al amor, al tiempo, a Dios –llámalo como quieras– que nos guarde al poeta de Cimanes del Tejar muchos años y muchos poemas más, a modo de corolario dejo este poema sin nombre, que dice así:

¿Durar como la piedra?

Mejor, mucho mejor,

morir como el adobe

que el aire, el agua, el sol

y el tiempo desordenan

en barro,

en limo,

en paja.

  

Al cabo de la segunda lectura, no es apresurado decir que“Tiempo de amor y mar” es una lectura tan gozosa como bellamente dolorosa. 

                                                                Palabra del perro de Amadeus.

viernes, 26 de febrero de 2021

Adiós, Toledo


Título: ADIÓS, TOLEDO

Autor: Hilario Barrerro 

Año: 2020

Editorial: NewCastrle Ediciones

Páginas: 142

Leer la pertinente novedad literaria de Hilario Barrero se ha convertido en una venturosa costumbre para quien esto escribe, novedad que, como si fuese el anuncio de Dios sabe qué, me fue remitida a casa el mismo día en que cumplía cincuenta años, que son casi casi los mismos que el maestro Barrero comparte Barcelona y Brooklyn y Toledo (amén de cuantos miedos y gozos son y han sido) con su pareja. En cualquier caso, no reduzcamos la lectura de la nueva obra del autor de “Educación nocturna” a mera costumbre o patria pequeña, pues es deleite y música callada de palabras, remembranza de cuanto era y ya no es, rincón donde detenerse y reconocerse uno mismo en esa pausa temporal que, a su vez, se concede el poeta y en ese credo que imprime a cada uno de sus escritos.    


En este “Adiós, Toledo” cohabitan, si no los mismos paisajes y personajes que en sus versos y diarios, parecidos, sombras todas de una misma luz, carbones mojados de idéntico fuego; quien haya leído con anterioridad a Barrero sabe de qué hablo. Aquí están el señor Miguel, sacristán de Santo Tomé; don Gregorio Marañón, que sale de misa de doce envuelto en su capa española; don Antonio, maestro y director del Colegio Nuestra Señora del Sagrario; y Salvador Dalí, que firma el ABC a un Hilario adolescente o niño. También un mendigo sentado en el atrio de la Iglesia Baptista de la Séptima Avenida, ese perro lazarillo de mirada de cristal que aguarda el regreso de su amo a las puertas del metro de la calle 72, dos palomas no mensajeras porque ya tienen las alas plomadas, y una pareja que frecuenta Prospect Park con obstinación de animales de costumbres, “dos viejos que caminan por el lado donde el sol calienta”.  
 

Aquí están citados Guastavino y su arquitectura, Nikos Kazantzakis y “Zorba el griego”, Donald Hall y uno de sus poemas y Gabriel y Galán y uno de los suyos, Lope de Vega y Quevedo, Juan Ramón Jiménez y Emily Dickinson, el Quijote, la “Obertura 1812” de Tchaikovsky, la primera “Sonata para chelo y piano” de Beethoven y la voz de Pavarotti cantando “E lucevan le stelle”, pero sobre todo hay espacio para ese ilustre vecino que es El Greco, con sus retratos de Fray Hortensio Féliz de Paravicino y el cardenal Fernando Niño de Guevara, y también y cómo no “El entierro del Conde de Orgaz”, casi otro personaje más en este bestiario.
 

Aquí huele a almendra amarga, a mazapán de infancia, a campo y a olivo, a "café humeante de una tarde de invierno", a brezo calcinado, a alacena, a sacristía, a anís y a la soledad boscosa de una casa cerrada. Aquí la luz, "lavada y bautizada", se hace relicario y lluvia, también roquete o toldo de niebla. Aquí la música es silencio sinfónico. Aquí el artista señala, amén del amor de su vida (que se hace presente en carne de segunda persona del singular en el texto “Volver a explicar el subjuntivo”), otros tres amores, la poesía, la ópera y el maratón.
 

Aquí duelen las “sístoles oxidadas y diástoles enmohecidas”, “el respirar de las raíces”, el paso “avaricioso de la muerte” y el recuerdo que “es como un enemigo que está siempre de guardia”. Se incendian “la hoguera de la mocedad y la hoguera del amor” y la convicción de que “algún día arderemos”. O truena “el relámpago oscuro del correr de las ardillas”.  
 

La nueva publicación de Barrero es, en definitiva, un continuo viaje de ida y vuelta, de Toledo a Nueva York, de Santo Tomé a Brooklyn, del cementerio de Green Wood a la plaza de Zocodover, de la calle Ancha a Central Park, de la Casa de Socorro a Plaza Street, como si los textos fuesen una bandada de pájaros que necesitase de la migración continua para datar la grandeza de cada detalle, de cada nombre, de cada ausencia o presencia.
 

Ahora nos toca a nosotros, lectores, poner la voz y la mirada del poeta en cada renglón como si quien lo leyese no fuese sólo uno, sino dos, el propio autor y uno, ambos en busca de la luz lejana de esta despedida toledana que, por ventura, esperamos quede en un prometedor Hasta luego.  

 

Palabra del perro de Amadeus 

Enlace donde comprar "Adiós, Toledo":  

https://www.librerantes.com/libro/adios-toledo/

sábado, 17 de octubre de 2020

Antonio Castro-Guerrero se viste de género policíaco

 

 

Título: La centrocampista murió al amanecer

       II Premio Carlos Matallanas de novela breve

Autor: Antonio Castro-Guerrero

Año: 2020

Editorial: Libros Cúpula

Número de páginas: 152

Sinopsis (de la contraportada): Una llamada anónima advierte de que hay un cadáver en una de las torres de iluminación del estadio Vicente Calderón, que se encuentra en pleno proceso de demolición. El cuerpo sin vida corresponde a Nadia Coronado, una jugadora de veintidós años y estrella de un equipo modesto de la primera división de fútbol femenino. Todo apunta a que Nadia ha sido asesinada. La inspectora de homicidios Sol Trocás será la encargada de resolver el caso junto a la subinspectora Gemma Silom. Ambas policías no solo tendrán que averiguar quién mató a Nadia; también deberán enfrentarse a otro problema: el machismo aún existente en una parte de la sociedad.


Antes de nada señalar que la publicación de esta novela obedece a la convocatoria del II Premio Carlos Matallanas de Novela Breve, de la que resultó ganadora en marzo de este 2020. Edita Libros Cúpula con el auspicio de la AFE (Asociación de Futbolistas españoles). Todos los beneficios de la venta de la misma van destinados a FUNDELA (Fundación Española para la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica). En estos tiempos tan duros que vivimos por culpa de una pandemia, nunca está de más un recordatorio a esas otras enfermedades que están ahí y no han desaparecido, acaso se hayan vuelto más invisibles de que lo ya eran de por sí. 

(Esta reseña ha sido escrita evitando en lo posible las revelaciones sustantivas, los odiosos spoliers.)

En lo referente a la novela, La centrocampista murió al amanecer, ¿qué decir de ella sin desvelar ningún dato relevante de la trama, o señalar por acción u omisión algún dato al posible o futuro lector que le permita elucubrar en una u otra dirección sin desorientarlo? Intentémoslo. De inmediato, a las pocas páginas, sabremos lo que ya declaran tanto el título de la obra como su portada: estamos ante el caso (¿posible?) de un asesinato o el suicidio (¿probable?) de una prometedora futbolista de 22 años. Y a poco que avancemos en sus páginas, descubriremos que el escenario y fondo (que a la vez se erige en protagonista) es el mundo del fútbol femenino, y todo cuanto lo rodea y asfixia, porque sus reivindicaciones laborales son inversamente proporcionales al presencia del machismo que todo lo toca y pudre. Entrenadores y no entrenadoras, presidentes y no presidentas, carencias sangrantes de todo tipo en los vestuarios, número de espectadores en las gradas, estadios tercermundistas, insultos proferidos a futbolistas o árbitras... Al novelista no le hace falta subrayarlo: cuanto rodea al caso de la muerte de Nadia Coronado huele y hiede a esta lacra. 

La centrocampista murió al amanecer se lee de un tirón, nada sobra. No hay tiempos muertos, ni disgresiones que conduzcan a un callejón sin salida, tan común en tantas otras obras "rellenapáginas" que casi se venden al peso. Todo cuanto ocurre tiene sentido, todo posibilita la resolución del misterio que envuelve a la muerte imprevista de una muchacha con todo el futuro por delante. A ninguno de cuantos leímos en su día "El último viaje de Sorolla" (desde este blog pedimos su reedición) nos sorprende la sabiduría "invsible" de Castro-Guerrero para retratar personajes y ambientes y escenarios, y hacerlo de manera sutil y justa (con precisión de miniaturista) sin que entorpezca el avance de la trama. 

Con todo, lo mejor de esta novela es la pareja protagonista, Sol y Gemma, inspectora y subinspectora de homicidios prespectivamente, personajes que beben de la más rica tradición literaria, desde el Quijote y Sancho Panza o Holmes y el doctor Watson hasta Carvalho y Biscuter. Porque es en su complicidad y en sus diferencias, también en cada uno de los diálogos que mantienen durante la investigación, donde estas mujeres crecen hasta el punto de quedársele pequeño este caso; sería de agredecer más aventuras y desventuras de esta pareja. (Para quien quiera descubrir por sí mism@ alguna de estas diferencias, le invitamos a que pase al párrafo siguiente.) Porque si a Sol Trocás le gusta la música clásica (Pagliacci, el Cuarteto nº 14 de Schubert, la Sinfonía nº 2 "Resurrección" de Mahler, el Lavapiés de Albéniz...), a Gemma Silom le entusiasman los verdiales. Si Sol es de Madrid, Gemma es de Barcelona. Si Sol a sus casi cincuenta conserva un cuerpo y figura envidiable, Gemma se siente acomplejada de su sobrepeso. Si Sol come con voracidad de escualo, Gemma está siempre a dieta. Si Sol permanece soltera, Gemma sobrelleva como puede su situación familiar.

Que en alguno de los pantagruélicos desayunos o almuerzos de la inspectora Sol Trocás sobrevuele la sombra de Carvalho y los suyos, no hace más que honrar las palabras que el novelista malagueño dedicase al maestro Vázquez Montalbán. En resumidas cuentas, una novela recomendable para todo seguidor del género policíaco y, yendo más allá, para todos cuantos quieran leer una novela impecablemente escrita y con dos personajes inolvidables. 

Si los hados lo permiten, auguramos una larga vida a Sol Trocás y a Gemma Silom, y una no menos fructífera carrera literaria a Antonio Castro-Guerrero. 

 

domingo, 12 de julio de 2020

Lo nuevo de Luis Artigue





Título: Café Jazz El Destripador

Autor: Luis Artigue
Año: 2020
Editorial: Editorial Pez de Plata
Páginas: 294

Las ilustraciones son de Ángel de la Calle


 




Sinopsis (extractada de la web de la editorial): Una novela de rigurosa ambientación sobre Miles Davis en un contexto de segregación, lucha por los derechos civiles y, sobre todo, buena música.

En estas páginas encontramos clubs de jazz en Harlem, tabernas libertinas en Montparnasse, una proeza, una venganza, un Charles Baudelaire leal a los paraísos del opio, sabiduría ocultista, intriga y una propuesta tan diabólica como irrechazable.

Un inquietante biopic pulp sobre la vida del trompetista Miles Davis en el que hay ambición, delitos, drogas, almas vendidas al diablo, una santa con sífilis y una brillante banda sonora… Una novela sobre los estigmas de la genialidad.


Luis Artigue compone esta novela a dos voces, en dos tiempos distintos: París durante la revolución de 1848 y Nueva York durante la revolución musical de 1945, tal y como reza en la contraportada. Aunque hay personajes de toda condición y pelaje, desde los literatos Charles Baudelaire, Honoré de Balzac y Gerard de Nerval y el pintor Gustave Coubert de una parte, hasta los jazzmen Charlie Parker, Freddie Jones, Max Roach y Dizzy Gillespie y las actrices Juliette Gréco y Frances Taylor de otra, la novela centra sus poderes narrativos en la relación que mantuvieron Miles Davis y Charlie Parker, y a su vez cada uno de ellos con sus demonios internos y con la música. 

Ya sea en Harlem o en Montparnasse todo respira malditismo e inspiración, música y literatura, también ese racismo tan yanqui como el Ku Klux Klan o el jazz. Aquí no hay ocasión ni lugar para una vida tranquila, placentera, acotada por los márgenes consuetudinarios que nos constriñen. Literatura y música a raudales para contravenir el orden establecido, ya sea con "Las flores del mal" o con el "Birth of cool". Y en todos los escenarios y personajes late el bebop, esa clase de jazz que Artigue define de la siguiente manera en el capítulo 4: "Todos los músicos son adictos, en verdad: como mínimo son adictos a la música. Y los músicos de jazz bebop en concreto lo son más aún: de hecho son dualistas, crren en la música pura a pesar del cuerpo pecador porque sólo peca el cuerpo pero no el alma que es la música, y por eso se convierten en pecadores cósmicos. Y es que ellos consideran que el cuerpo ha de experimentar con el mal y pecar mucho para que sufra y se retuerza la música y llegue así más allá de la pureza..."

Más adelante el autor matiza su definición: "...el bebop no era sólo música de raza, sino que se trataba de un sonido inserto plenamente en la lucha que se ha venido librando a lo largo de la historia en contra de la arbitrariedad del poder, y en pro de un mundo mejor". Pero los personajes de esta novela, imperfectos por culpa de sus ambiciones y deseos, desoyen a su demiurgo y desobedecen el mandato sagrado de construir otro mundo, porque lejos de edificarlo mejor, se empeñan en demolerlo a golpe de una música que debería ser liberadora y que, en el fondo, ata a Parker y Davis (a éste por momentos) a las peores adicciones.

Parker, más que pájaro, se diría Ícaro, empeñado en suicidarse mientras vuela muy alto. Davis, más que músico, se diría Fausto, capaz de casi cualquier cosa por sobreponerse a la alargada sombra de su maestro y mentor y triunfar a lo grande. Les sucede lo que al poeta Charles Baudelaire, que todo cuanto queda en derredor es usado y puesto en juego en función de la potencia creadora de estos tres monstruos. Y de ahí los exorcismos físicos físicos y los físicos espirituales que se suceden entre las páginas de esta novela para el renacimiento de una música distinta y de unos hombres renovados; otra cosa es que lo segundo sea posible.


A Miles Davis, a diferencia de Parker y Baudelaire, lo salva el amor, que conoce de primeras en París y de segundas en Nueva York. A Miles lo salva Juliette Greco, que en palabras que Artigue pone en boca del trompetista en el capítulo 28 es "mi mujer ideal, mi tierra prometida, mi isla del tesoro, la reencarnación de París con la Torre Eiffel bajo un cielo azul perfecto". Tras la separación de la francesa, a Miles lo rescata Frances Taylor, a quien se define en el capítulo 36 en función de su predecesora: "querer a una es querer a la otra, y tener a una es tener a la otra, y recuperar a una es no haber perdido a la otra". Juliette Venus blanca, Frances Venus blanca, ambas camino, luz e inspiración para el protagonista. Los demás personajes no tendrán la misma suerte que el trompetista.

En definitiva, una novela que suena a música por los cuatro costados, que nos transporta por sobre todo a aquel Nueva York (o deberíamos decir Harlem) donde todo era posible e imposible, donde el bebop quemaba músicos con esa rapidez con que Parker tocaba el saxo y liberaba almas con esa lentitud con que Miles congelaba el tiempo con su trompeta.

lunes, 6 de julio de 2020

El legado del Oso




Título: El legado del Oso
Autor: Fernando López del Oso
Año: 2020
Editorial: Editorial Luciérnaga
Páginas: 381

Sinopsis: El hijo del doctor Fernando Jiménez del Oso, un joven escritor, recibe el encargo de una editorial para escribir un libro sobre su padre.

Serán grandes amigos y colaboradores de su padre los que ayudarán a Fernando López del Oso a construir ese puzle complejo. Juan José Benítez, Nacho Ares, Lorenzo Fernández Bueno, David Sentinella, Jesús Callejo y Silvia Casasola, Juan Ignacio Cuesta, Pedro Amorós y Javier Sierra desvelarán las piezas secretas y los enigmas más apasionantes en torno al conocido doctor Jiménez del Oso.

Con su ayuda descubriremos que el fenómeno ovni, la parapsicología, el espiritismo, los enigmas de Egipto y de las culturas americanas, de la Isla de Pascua y de Mohenjo Dahro, los misterios de la mente humana... todos confluyen en un punto, en el espacio y en el tiempo, que cambiará para siempre nuestra manera de ver la realidad que nos rodea.


No me cabe ninguna duda de que ni un solo lector leerá el mismo libro que el autor habrá leído no pocas veces, porque él lo soñó, lo cuadriculó, lo amasó y escribió y revisó durante años, lo vivió como parte de sí mismo. Así pues, la lectura que haya hecho Fernando, su autor, es completamente diferente de la que podamos hacer los lectores, ni mejor ni peor, diferente. Nosotros nos dejaremos arrastrar por una fuerza, la suya, que nos guiará, nos iluminará, nos mostrará la senda, el camino, mientras que él le movía la fuerza motriz de los recuerdos. Gracias a ello, conoceremos más en profundidad a su padre, el célebre investigador y psiquiatra Fernando Jiménez del Oso. No me cabe ninguna duda de que Fernando ha empleado bien el tiempo y que el camino que habremos de recorrer cada uno de nosotros cuando este libro caiga en nuestras manos, él lo ha hecho y rehecho, del derecho y del revés, en busca de esa verdad, de ese Gran Enigma con el que le reta su padre al inicio del mismo. Todo surge de una propuesta editorial: con motivo de la reedición de los escritos de Del oso, a Fernando hijo le han encargado una suerte de homenaje que será el complemento, llámalo término, de dicha colección.

Conociendo como conozco al autor (desde nuestra colaboración en “Vintage 62: Marilyn y otros monstruos”), sé que se resistió con todas sus fuerzas, porque de alguna manera contravenía su propio devenir como escritor; él, que tanto ha luchado por hacerse un hueco y hallar una voz propia lejos de la órbita paterna, ahora tenía una oferta prácticamente irrechazable para hablar de los méritos y la carrera de otro, y que éste fuese su padre lo hacía doblemente doloso (no descubro ninguna interioridad porque así está contado en la obra). Sobre todo porque el legado narrativo de ficción López del Oso, léase “El templo de la luna” (Premio Minotauro), “Yeti” y “Asesino de políticos”, merecería otra suerte de la que en puridad le ha tocado.

Lejos de las reticencias iniciales, Fernando aceptó, de una parte el reto de la editorial y, de otra, el que le lanzaba su padre cuando le habló del Gran Enigma, de la Gran Búsqueda que él había emprendido mucho antes de que él, su hijo, naciese y que al fin, y al parecer, había concluido. Tal vez, Fernando padre tenía la certeza de haberse acercado a ella, de haberla rozado, tal vez; pero en todo caso, no se la iba a brindar en bandeja de plata a su vástago. “¿Y tú qué piensas?” es casi una pregunta recurrente en este libro. “Nunca habíamos vivido juntos. Era la nuestra una relación atómica: un núcleo denso y sustancioso pero también con enormes vacíos. Y yo orbitando a su alrededor” escribe el autor en el Capítulo 1. Y es que detrás de esta y otras confesiones, palpita el herida de la separación: el padre siempre trabajaba, ya fuese en la consulta de psiquiatría o viajando de aquí para allá con motivo de su labor divulgativa. Y se percibe ese dolor en el niño que requiere una mayor presencia paterna en su quehacer diario.

Con la inestimable ayuda de algunos amigos y colaboradores de los distintos programas de radio y televisión en que intervino, con la guía de Juan José Benítez, Nacho Ares, Lorenzo Fernández Bueno, David Sentinella, Jesús Callejo y Silvia Casasola, Juan Ignacio Cuesta, Pedro Amorós y Javier Sierra, el hijo camina tras los pasos del padre en busca de los mismos misterios que inquietaron a aquél, ya sean estos el fenómeno ovni, las raíces de las culturas antiguas, las sicofonías, la bilocación, las experiencias cercanas a la muerte, los fantasmas, la vida más allá de la vida, etc.


Sin destripar nada sustantivo, he de advertir que el legado al que se refiere el título se hace más presente, arroja más luces que sombras conforme avanzan los capítulos y las entrevistas, y Fernando reconoce (reconocer de volver a conocer) a su padre a través de los ojos y sentimientos y vivencias compartidas con amigos, colaboradores y discípulos. Hasta que al final, Fernando es capaz de, al mismo tiempo que responde satisfactoriamente al encargo, responder la pregunta que le planteaba su progenitor al inicio del camino. Tal vez la Respuesta al Gran Enigma sea una nueva pregunta, o la misma búsqueda de esa Respuesta, o la certeza de que no puede haber ninguna certeza porque todas superan nuestras limitadas virtudes humanas. Tal vez.

Lo mismo que la rosa del Principito para unos representa la vanidad, para otros el amor verdadero y para otros terceros la solidaridad, la respuesta que ofrece Fernando a su padre no tiene por qué ser la única, sino una posibilidad más entre al menos varias. Pero es su respuesta, toda una declaración, la sinceridad desnuda de unos sentimientos que al autor le habrá costado horrores desnudar capítulo a capítulo. Sea como fuere, una rosa siempre es una rosa, y una respuesta una respuesta. Y cada uno tiene una. ¿Y tú, amable lector, qué piensas?

Un libro indispensable para todo el que quiera conocer parte de la humanidad que latía en el célebre divulgador y para todos los lectores que se sientan identificados con la más apasionante de las búsquedas. También para todos los hijos que ahora somos padres de futuros padres.