Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO", "EL MANANTIAL" y "HOLMES Y EL CASO DE LOS OCHO ESTÓMAGOS", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

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domingo, 16 de febrero de 2020

Vida oculta e invisible


Título: VIDA OCULTA
Título original: A Hidden Life 
Dirección: Terrence Malick
 

Año: 2019
Duración: 180 min.

Guion: Terrence Malick
Música: James Newton Howard
Fotografía: Jörg Widmer
 

Reparto: August Diehl, Matthias Schoenaerts, Valerie Pachner, Michael Nyqvist, Jürgen Prochnow, Bruno Ganz, Martin Wuttke,...

Sinopsis (extractada de Filmaffinity): Franz y Fani Jägerstätter son un feliz matrimonio que vive con sus tres hijas en su granja alpina en Sankt Radegund, Austria. Son campesinos, viven y trabajan rodeados de un impresionante paisaje montañés. 





Si el último film de Terrence Malick acaba con la siguiente cita de Mary Ann Evans (su pseudónimo era George Eliot) “(…) que el bien siga creciendo en el mundo depende en parte de actos no históricos; y que las cosas no vayan tan mal entre nosotros como podría haber sido se debe en parte a aquellos que vivieron fielmente una vida oculta y descansan en tumbas que nadie visita”, esta reseña empieza con ella. Y empieza así, con estas palabras, porque no hay mejor definición de cuanto ocurre frente al espectador: hay detalles ocultos, cuando no abiertamente invisibles, que a gran parte del público se le escapa entre los dedos.

Vaya por delante que el tema del nazismo me cansa y me aburre desde el estreno de “La lista de Schindler” de Spielberg, panfleto prosionista donde los haya. Y es que es un tema peliagudo donde los equilibrios son casi imposibles. Que aquello fue un horror, nadie lo pone en duda; que los nazis mostraron al mundo lo peor del ser humano, es una obviedad. Pero volver una y otra vez sobre el tema, a mí personalmente me hastía... salvo en contadas excepciones. Pues bien, el pasado jueves fue una de esas excepciones: vencí la pereza y me acerqué al cine a ver la enésima película sobre el holocausto nazi. 

 
Y lo hice porque Terrence Malick la firmaba, sólo por eso. Desde hace mucho tiempo sigo la carrera de este director que, con sus altos (grandiosos) y sus bajos (casi de vergüenza ajena), es uno de los artistas más inconfundibles de la actualidad. Aquí, a diferencia de otras películas que han tratado el tema en cuestión, no duele la violencia, la maldad, la vesania de unos y de otros; no duelen ni los golpes de los soldados ni los desprecios de los conciudadanos; no duelen las vejaciones, las bromas a costa de los presos, tampoco las piedras que los niños del pueblo Sankt Radegund arrojan a las hijas de Franz y Fanny. Y no duelen, no porque no sea doloroso y hasta angustioso todo lo que sucede alrededor de la familia (que lo es, y mucho), sino porque lo que en verdad hace daño es todo lo contrario. 

Duele la infinita belleza de las praderas, verde esmeralda, de los Alpes austríacos. Duele el imponente silencio de las colosales montañas. También ese cielo infinito aborregado de nubes o enladrillado de tormentas. La inminencia del trueno. La mansedumbre de los ríos y el suicidio de la cascada. El mar de trigo, las espigas a punto, la mala hierba que crece por todas partes, las patatas bajo tierra. Los caminos en mitad del bosque, la senectud de los árboles, el altruismo de los manzanos en flor. El sol que agoniza y sacraliza todo cuanto roza. Lo que habita, oculto, bajo todo esta magnificencia natural.



Pero el dolor siempre es capaz de reafirmarse, máxime si quien lo filma es el señor Malick. Además de los escenarios naturales, duelen el interior de las casas, la madera sin desbastar o ya desbastada, la geografía de sus vetas, cada uno de los años que fueron necesarios para producirla. Duelen los cuadros religiosos que señalan el hogar de la familia Jägerstätter. Las puertas que no contienen la maldad. La mesa lista para el almuerzo. Las inmensas bibliotecas en manos de los verdugos, ya sean éstos los sacerdotes que consienten o los soldados que ejecutan. Las rejas que cuadriculan la luz que se descuelgan hasta las celdas.

Duele, cómo no, la música de Ärvo Part, la de Henry Gorecki, la de Bach. Duele la música, pero también el silencio y todo lo que lo subraya como necesario: el canto de los pájaros, la salmodia de las campanas de St. Valentin en Seis am Schlern, el molino asmático, el cacareo del gallo, el tintineo de la bicicleta del cartero, la cuchillada de la guadaña,...

Y por debajo de todo lo oculto, como cimientos del mismo, bulle todo el dolor invisible para quienes no saben o no quieren ver. Por debajo, ellos, nuestros hermanos los animales, los condenados de por vida: el dolor mudo de la vaca encadenada a una pared o al yugo, el dolor y el espanto de una oveja cuando es trasquilada, el quebranto del burro de carga y la inocencia del cerdo al que, sin juicio ni abogadores defensores, condena el especismo humano.


Por ponerle nombre a esto que quería sen una reseña, Terrence Malick levanta, sobre el dolor obvio de la maldad, el dolor inherente de toda la belleza, de lo inexplicable. Y habla, bien con las imágenes, bien con la ayuda de la voz en off, de lo que trasciende nuestros limitados sentidos, Malick habla de la mismísima grandeza de cuanto nos rodea subrayando la pequeñez de la violencia y del desnortado comportamiento humano. Si te gustó "La delgada línea roja" o "El árbol de la vida", asómate y mira dentro de esta "Vida oculta". De su hondura y peligrosidad, avisado quedas.
 

sábado, 19 de octubre de 2019

El vionista sobre el tejado

Un hombre es asesinado en plena calle. Marc Chagall presenció el lance siendo joven y quedó impresionado. Así, como reza la imagen, representó aquella desgracia con sus pinceles. 

Singular, sin duda, la imagen de cierto abuelo que gustaba de encaramarse a los tejados para observar mejor los transeúntes. El pintor le añadió el violín (parte superior izquierda del lienzo). 




“El Hombre Muerto”, que así se llama este lienzo de 1908, sirve de inspiración (en parte) a cierto musical en que un violinista hace equilibrios sobre el tejado.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Dominion impresiona, Dominion angustia



Dentro del ciclo Aula Savia, coordinado por Héctor Márquez, ayer tuvimos ocasión de ver en Málaga, gracias a las gestiones realizadas por un grupo de jóvenes entusiastas liderados por Pablo Rodríguez Codes, el documental DOMINION. Realizado en 2018, está dirigido y escrito Chris Delforce, y cuenta con los celebrados actores Joaquin Phoenix y Rooney Mara, entre otros, como principales reclamos publicitarios. El documental, grabado mayoritariamente en Australia, muestra las despiadadas condiciones en que viven los animales de granjas, condenados de por vida a un encierro tan injusto como su muerte.



Tal y como explicó Pablo Rodríguez el hecho de que “Dominion” muestre las condiciones de las granjas en Australia no invalida en absoluto su mensaje para el resto del mundo, tampoco para España. Más bien al contrario, lo potencia, pues en palabras de Pablo “ya quisieran España y la mayoría de estados contar con la legislación sobre protección de animales de Australia”.  Para que los escenarios, granjas y mataderos, no fuesen adulterados y/o maquillados en aras de un cierto bienestarismo, la mayor parte del metraje se consiguió gracias a la cámara oculta. Pablo añadió que “pocas veces se ha visto una película más realista que ésta, más realista y más clandestina”. 


 Dividida en fragmentos, cada uno de los cuales está dedicado a un animal en concreto (cerdos, gallinas, vacas, corderos, cabras, gallinas, pollos, zorros, caballos), “Dominion” expone desde el nacimiento (cuando no abiertamente desde la concepción: las vacas violadas por los operarios de la granja con pipetas llenas de semen de toro) hasta su postrera muerte, todo el proceso de selección de los ejemplares sanos en detrimento de los enfermos o con malformaciones y de engorde acelerado (lo que provoca no pocas muertes). También subraya la insalubridad de establos y/o jaulas, infectadas de heces y orines, con el consiguiente peligro que todo ello conlleva para futuros consumidores.   


En ningún momento hay censura: vemos el maltrato a que son sometidos los animales por algunos operarios (verdaderos enfermos de risas necias e implacable violencia). Ya estamos más cerca del infierno: la muerte. Y en está, la raza humana es toda una experta, no en vano ella misma se desangra en destrucciones de toda clase. Ya sea por asfixia en cámaras de gas, en líneas de sacrificio, por degollamiento, por la bala cautiva, por inmersión en agua hirviendo o en aguas heladas (esta variante es usada para peces), el final es siempre el mismo. El miedo, los berridos, chillidos de terror. La vida que se escapa a borbotones o a boqueadas fuera del agua. Los últimos espasmos de los moribundos. No hay escapatoria posible.



En los últimos minutos el documental, además de establecer la similitud entre los animales y los humanos (todos sentimos miedo, dolor y alegría; preferimos la libertad a su ausencia; queremos ser alguien y no algo, un simple producto), subraya las evidentes concomitancias entre el especismo y otros egoísmos: la esclavitud de los negros a favor de los blancos, el exterminio de los nazis en pro de una raza aria y el machismo que coarta y mata a mujeres en todo el mundo. O lo que es lo mismo, el DOMINIO de los fuertes en detrimento de los débiles, que son usados como objetos y no como seres de pleno derecho.



Después de los títulos de créditos, Héctor Márquez y Pablo Rodríguez Codes entablaron un diálogo con los asistentes acerca de lo visto en el documental y, de paso, del veganismo como elección personal. Por último, a fin de convencer a los reticentes, hubo un tapeo vegano completamente gratuito. 



Vegan Spirit Málaga estuvo en la Térmica para traeros esta noticia y estas impresiones. Había que asistir al estreno de DOMINION en Málaga.

jueves, 27 de septiembre de 2018

Almost there


Título: Almost There
Guión y dirección: Jacqueline Zünd 
Año: 2016
Duración: 80 min.
Música: Max Avery Lichtenstein
Fotografía: Nikolai von Graevenitz
Reparto: Robert Pearson, Steve Phillips, Genji Yamada

Sinopsis: Tres hombres en busca de respuestas al final de sus vidas, justo cuando aún tienen fuerzas para emprender la última aventura.



Robert Pearson, Steve Phillips y Genji Yamada (se interpretana sí mismos, si es que esto es posible) son tres hombres que afrontan, huérfanos de esperanza, la última parte de sus vidas. Ningún paisaje nuevo parece posible en el horizonte seco de la vejez. Pues bien, es justamente contra este estatismo, o esta inercia muerta, contra lo que se rebelan los tres actores de este documental que se beneficia de un excelente guión de la propia directora del mismo. 

Robert Pearson se compró en su día una caravana. Distintas circunstancias familiares le impidieron disfrutar de la misma. Ahora, antes de que sea demasiado mayor y la vejez le atenace, se propone hacer un viaje con la caravana a pesar de que sus amigos se lo desaconsejan. Cambiará el confort de su piso en Seatle por una carretera que le conducirá, indefectiblemente, a sí mismo. 

Robert Pearson

Hace años que Steve Phillips abandonó a sus hijos y cambió radicalmente de vida. Ahora necesita otro cambio: deja Inglaterra y se viene a España, concretamente a Benidorn. Tirando de su maleta, con su peluca de rubia explosiva y su exceso de rimel, se refugia en el humor para sobrevivir de local en local. En este periplo y en la compañía de sus perros cree haber encontrado su verdadera escencia.


Steve Phillips

Genji Yamada ha trabajado toda su vida. Se acaba de jubilar. Después de luchar por su trabajo y de haber apostado por él en detrimento de su familia, ahora se siente vacío. Gasta las horas en pasatiempos inútiles a la espera de encontrar una respuesta a su vida. Por fortuna, antes de que desespere, halla una nueva esperanza en la lectura de cuentos infantiles en los colegios. Y a ello se dedica con tesón renovado.

Genji Yamada

Primorosamente fotografiado por Nikolai von Graevenitz, y con una banda sonora que le va como un guante, hermosa, minimalista y casi estática, triste hasta el tuétano, firmada por Max Avery Lichtenstein, "Almost there" es un documental sobre la desesperanza, el inicio de la vejez y la necesidad de encontrar un nuevo rumbo cuando al final del camino sólo aguarda la muerte. Jacqueline Zünd realiza un excelente trabajo con estos tres actores no profesionales. Una grata sorpresa.


jueves, 12 de julio de 2018

Buscando un fantasma


Título: Buscando a Sugar Man
Título original: Searching for Sugar Man
Año: 2012
Duración: 87 min.

Guión y Dirección: Malik Bendjelloul 
Música: Sixto Rodríguez

Sinopsis (para evitar spoliers he compuesta esta sipnosis): Un par de viejos nostágicos, aficionados al rock de los años 70, sudafricanos ellos, se embarcan en la búsqueda del rastro incierto de Rodríguez, un cantante norteamericano de raíces mexicanas que grabó dos discos y falleció de la manera más horrible, delante del público en un concierto. Pero las contradicciones empiezan justamente ahí, unos hablan de un disparo en la cabeza, otros de una inmolación a lo bonzo. 


Portada del primer elepé de Rodríguez: COLD FACT


En 2012 este documental de Bendjelloul arrasó con todos los premios: Premios Oscar: Mejor documental, Premios BAFTA: Mejor documental, Premios Guldbagge (Suecia): Mejor documental. 6 nominaciones, Festival de Sundance: Premio del público (mejor documental internacional), Satellite Awards: Nominado a Mejor largometraje documental, National Board of Review (NBR): Mejor documental, Asociación de Críticos de Los Angeles: 2ª posición para Mejor documental, Asociación de Críticos de Chicago: Nominada a Mejor documental, Sindicato de Productores (PGA): Mejor documental, Sindicato de Directores (DGA): Mejor director / Documental, Sindicato de Guionistas (WGA): Mejor guión en documental, British Independent Film Awards (BIFA): Nominated for Best International Independent Film, etc. Un éxito total. 

El gancho del documental reside en la extraordinaria historia de Rodríguez, ese cantante que todos celebraban como uno de los grandes descubrimientos de los 70 y que apenas vendió seis elepés en Norteamérica. Pero su volátil fama traspasó fronteras de la manera más peregrina y acabó siendo todo un ídolo de masas en la Sudáfrica del apartheid. 

Muchos, a toro pasado, desde el burladero de esa infinita sapiencia que no lleva a ninguna parte (acaso al púlpito de un triste blog como éste o a la ciénaga de una columna de periódico) criticaron el documental por tramposo, por mentiroso. Es evidente que quien piensa así no entendió la esencia, la óptica desde la cual está contada esta historia de desencanto y esperanza, de injusticias y de resurecciones. La historia la cuentan los admiradores, no el director, que sabe adoptar la óptica necesaria para que la obra funcione casi como una película policíaca. (Recomiendo que, quien no sepa nada de la historia, no busque información acerca del cantante a fin de ver la obra con ojos vírgenes. Me lo agradecerá.)

Además, por si no fuese bastante con la maestría del director, el documental cuenta con la banda sonora de Rodríguez. Todo un canto a la esperanza. Una de esas extrañas obras que lo tienen todo en su hábil juego de trilero. Pura fantasía para diseccionar la realidad con habilidad de forense. Todo un clásico ya.

domingo, 11 de marzo de 2018

Un pescadito que ya no será ballena

Dedicada a la memoria de un niño.



Fragmento de Capitanes intrépidos, película dirigida por Victor Fleming en 1937. Canta (traducida su letra al español) Spencer Tracy, le escucha Freddie Bartholomew. La canción, denominada en inglés Manuel's love song, es obra Gus Kahn y Franz Waxman.

jueves, 10 de agosto de 2017

THEM!, La humanidad en peligro



Entrada publicada originariamente en el blog de La Octava Noche, el 27-X-2009.


Título: Them! (La humanidad en peligro)
Año: 1954
Duración: 94 minutos
Director: Gordon Douglas
Guión: Ted Sherdeman
Música: Bronislau Kaper
Fotografía en Blanco y Negro: Sid Hickox
Reparto: James Whitmore, Edmund Gwenn, Joan Weldon, James Arness, Leonard Nimoy ...
Género: Fantástico. Ciencia-Ficción.

Sinopsis: El ejército americano realiza unas pruebas atómicas en un desierto del suroeste de los Estados Unidos. Como resultado de las radiaciones, las hormigas sufren una mutación que les hace crecer hasta alcanzar gigantescas dimensiones. Un grupo de científicos y militares intentará impedir el desastre.

Toda la historia, entiendo, es un alegato contra las pruebas de la bomba atómica del año 1945. Concretamente el 16 de julio de ese año, en las instalaciones militares secretas de White Sands, Nuevo Mexico, en EE.UU. es detonada la primera bomba atómica experimental, de 19 kilotones bajo el nombre clave de Trinity. Pocas semanas mas tarde es arrojada la primera bomba atómica denominada Little Boy sobre Hiroshima.

Explosión de Trinity en White Sands

Es la radiación de esta bomba la causante de la mutación de las hormigas que aparecen en la película. El mensaje pacificista ya haría de por sí válida esta obra que algunos catalogan injustamente de serie B. Me pregunto qué efectos especiales podría haber conseguido una de serie A. No creo que fuesen mucho mejores.

James Whitmore es el sargento de policía Ben Peterson

Bien es cierto que las hormigas causan un poco de risa, se ven demasiado artificiales, pero la película tiene ritmo, una buena banda sonora a cargo de Bronislau Kaper, una estupenda fotografía en blanco y negro y dos actores muy interesantes: Edmund Gwenn en el papel del entomólogo que ayuda a la policia y al ejército, y James Whitmore, célebre por su aparición como el jorobado de la imprescindible "La jungla de asfalto" que en esta ocasión hace de policía, ironías del séptimo arte. También cuenta con la participación de Leonard Nimoy, luego célebre como el señor Spock de Star Trek.


Leonard Nimoy, no acreditado, es un sargento del ejército
Destacar la primera escena, esa niña en estado de shock, la caravana prácticamente partida por la mitad, las huellas de algo irreconocible, el sol, el desierto. Y cómo no, también la escena de la tormenta de arena y la de la tienda de Gramps. Las lámparas bailando al son del ululante viento, los destrozos en el lateral de la tienda, los artículos arrojados por el suelo ... y ... el sonido de las hormigas.

En definitiva todo un canto al cine artesanal y a los inocentes inicios de la ciencia ficción en el cine. Imprescindible para los que gusten de este tipo de cine.


domingo, 19 de febrero de 2017

The Tree of Life (El árbol de la vida) - T. Malick


Título: El árbol de la vida
Título original: The Tree of Life
Dirección y guión: Terrence Malick 
Año: 2011
Duración: 133 min.

Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Brad Pitt, Jessica Chastain, Hunter McCracken, Sean Penn, Laramie Eppler...
 

Sinopsis (extractada de Filmaffinity): Estados Unidos, años 50. Jack (Hunter McCracken) es un niño que vive con sus hermanos y sus padres. Mientras que su madre (Jessica Chastain) encarna el amor y la ternura, su padre (Brad Pitt) representa la severidad, pues la cree necesaria para enseñarle al niño a enfrentarse a un mundo hostil. 




La belleza en estos 133 minutos se roza, casi se aprehende. Se vuelca sobre los espectadores en planos que pesan lo que un amanecer, lo que cientos de árboles gigantes, lo que todo un océano. El universo es, permanece al otro lado de la vida, durante toda la película en tanto no aparecen los créditos finales. En el film de Terrence Malick, además de la historia de Jack, sus padres y sus hermanos, hay espacio para la danza de las estrellas y la de la sangre; también para el estallido de un volcán y la fuerza telúrica de sol, y la supervivencia de especies ya desaparecidas. Para la vida en toda su minúscula inmensidad.


Muchos sostienen que este árbol apenas se sostiene, que tal vez tiene demasiada copa, muchas ramas y miles de hojas para tan solo un puñado de raíces; que se tambalea debido a su megalomanía. Muchos se aburren, se aburrirán ante tanta exigencia, frente a tantas preguntas y tan pocas respuestas. Malick, artista único, conocedor del impacto de las imágenes en movimiento, se recrea en los detalles; no sólo en la grandeza del océano o en la impenetrabilidad del universo: busca y halla matices en la textura de una cortina, de un camisón, en cada sonrisa, en cada caricia. 

 

El agua, como sinónimo de vida, lo preña todo, circula a través de cada plano, de inicio a fin. El agua y esos detalles que Terrence pule, abrillanta. En un época en que el cine no es más que esa papilla que se ofrece a los espectadores menos exigentes, a los que sólo ansían un poco de vacuidad para sí olvidar la inexistente profundidad de sus vidas, "El árbol de la vida" es un islote perdido en mitad de la nada, un planeta habitable varado en el confín de la galaxia. Una bofetada sin manos y, al mismo tiempo, un canto a la hermosura plena de la vida, en cualquiera de sus estados, en cualquiera de sus formas. 


La madre, los hijos, la presencia ominosa del padre. Éste es el eje principal que vertebra la obra. La paciencia de ella, la vitalidad e inquietudes de los tres pequeños, la férrea disciplina del cabeza de familia. Igual que en un relato de Raymond Carver o de John Cheever, late la amenaza cada vez que se sientan juntos a comer, o el padre toca el piano o el órgano, o juegan distraídamente en el jardín, o abren y cierran una puerta. La estrechez de la vida diaria, la caverna de los miedos. Indicar que las interpretaciones son excelentes, todas, a destacar en especial la de la madre, Jessica Chastain, y la de quien encarna a Jack, Hunter McCracken. Y que la fotografía de Emmanuel Lubezki es superlativa.


La banda sonora no molesta ni incordia como es uso y costumbre en el cine comercial del siglo XXI, sino que ayuda, completa el mensaje que dicta Malick desde detrás de la cámara. No solamente con la partitura compuesta por Alexandre Desplat: son de vital impotancia, casi más que la de aquél, las firmadas por Berlioz, Mozart, Priesner, Respigui, Brahms, Couperin, Bach, Gorecki, Mahler, Holst, Taverner o Smetana. Unas de manera muy sutil, acaso sólo el director conozca el motivo de su elección, añaden versos al poema en imágenes que es "El árbol de la vida"; otras, de identificarlas el espectador, son mensajes encriptados, pero traducibles. A poco que se ahonde en la significación de las músicas, se obtendrá la conclusión de que la Sinfonía nº 1 "Titán" de Mahler, el "Moldava" de Smetana o "Las barricasas misteriosas" de Couperin son claves con que profundizar en la armonía o desarmonías de los personajes, de los paisajes, del universo. Desde Stanley Kubrick no había nacido otro autor que manejase la música clásica con la puntería con que lo hace el director de "La delgada línea roja".




La muerte y el desprecio. La vida y los juegos compartidos. Tierra y cielo, agua y fuego, amor y desamor. El director, además guionista, lo entrelaza todo; a priori propone mezclas casi imposibles con que perfilar personajes y sensaciones. En definitiva, una obra de arte no al alcance de cualquiera, que destella igual que un astro en mitad de toda la basura espacial que es el cine bobalicón y huero de nuestros días. Una sinfonía oceánica en su concepción, vitalista en su mensaje último. Imprescindible.

sábado, 7 de enero de 2017

Poemario en movimiento: "La tortuga roja"


Título: La tortuga roja
Título original: La tortue rouge
Director: Michael Dudok de Wit 

Año: 2016
Duración: 80 min.
Guión: Michael Dudok de Wit, Pascale Ferran
Música: Laurent Perez del Mar


Sinopsis (extraída del Filmaffinity): Historia muda sobre un náufrago en una isla tropical desierta, poblada de tortugas, cangrejos y aves. La película cuenta las grandes etapas de la vida de un ser humano. Debut en el largometraje del animador Michael Dudok de Wit (ganador del Oscar por su cortometraje "Father and Daughter").


 
Esta coproducción de Wild Bunch y Studio Ghibli (sí, los studios Ghibli del señor Miyazaki) obtuvo en 2016 el Premio Especial del Jurado del Festival de Cannes. Puesto que así se menciona en la mayoría de textos que disertan sobre el film, no voy a ser menos (descuida, tampoco voy a desvelar ningún secreto), y diré que prescinde de guión hablado. Los personajes son, sienten, se comportan de tal o cual manera, pero no abren la boca para nada salvo para gritar. 




Quien me puso sobre la pista de esta película (es de justicia nombrarle) fue el poeta jienense Felipe Sérvulo. Fue él quien, en su muro de facebook, dejó escrito lo siguiente sobre ella: "Hace tiempo que una película no me dejaba impactado. Pensaba que tanta belleza en una pantalla ya no era posible viendo por donde van últimamente los derroteros cinematográficos. Si os dijera que me quedé mudo varios minutos después de verla, si os dijera que me quedé obnubilado, pensaréis que exagero. ¿Sentí el "Síndrome de Stendhal" en la oscuridad de una sala? Pero me corroe una duda, ¿llegué a entenderla? Tal vez la belleza no necesitas descifrarla, solo sentirla, pero en esta caso me gustaría tener una explicación." 

La magia no precisa de explicación. ¿O sí? Otra cosa es que lo que suceda en esta isla desierta a la que, tras una tormenta, arriba el náufrago sea en sentido estricto "magia". De primeras la película se antoja el clásico drama de supervivencia. Tanto que hay un instante, cuando el náufrago y la tortuga roja se retan varias veces, en que pensé en Lee Marvin y en Toshiro Mifune, jugando a la guerra en "Infierno en el pacífico". Pero si la cinta de John Boorman se agota, se desgasta en esa lucha fratricida y en las cuestiones que la misma plantea, la de Dudok de Wit va más allá. Aquí el director habla del hombre y de la naturaleza, de su matrimonio, de la necesidad de una alianza que haga posible la perpetuación de una y de otra. Del respeto. De la trascendencia. De cierta transformación espiritual.
  


Hay que ver este film, dejarse seducir por sus versos. Por el esplendor de los colores. Por la aparente sencillez de su guión. Por la hondura de una belleza que en ocasiones duele. Dejarse acunar por el cuchicheo del viento y el bramido de la tormenta, por los ripios de las gaviotas y los suaves acentos dictados por los infatigables cangrejos. Arena que quema, bosques que asfixian, galernas que asustan. Todo cabe dentro de este poemario en movimiento. (Evito entrar en más detalles a fin de desvelar parte del misterio que esconde.)

Cabe subrayar la importancia que en una película que prescinde de la palabra cobra la música. Compuesta por Laurent Perez del Mar resulta la tipografia ideal, la maquetación soñada para tanto verso y tanto cielo, para tanta metáfora y tanta delicadeza. La música respira con el espectador, señala el camino. Pinta de colores las voces de los protagonistas, que permanecen en silencio en todo momento. Versos y pentagramas que hacen de esta película toda una experiencia. 

Anotar la extrañeza, agradable extrañeza, que me produce comprobar que en dos momentos del film suene la música para cuarteto de cuerdas de Leos Janacek. 


En resumen, Wild Bunch y Studio Ghibli apostaron por un proyecto arriesgado, el de Dudok de Wit, y juntos han salido victoriosos del lance. "La tortuga roja" es una obra maravillosa. Igual que un buen poemario o que una buena sinfonía. No te la pierdas, amable visitante de la Casa Deshabitada. Luego no digas que no te lo advirtió el Habitante Incierto.

miércoles, 4 de enero de 2017

La hora de los niños, la infamia de los mayores


Cosas inexplicables de la historia del cine. ¿Cómo puede ser que, en 1961, pase completamente desapercibida una película que cuenta con la actriz que interpretó tan solo un año antes a la señorita Kubelik en "El apartamento"? 

¿Cómo puede pasar desapercibida una película que cuenta con la actriz que interpretaba (por esas mismas fechas) a Holly Golightly en "Desayuno con diamantes"? 


¿Una película dirigida por el mismo director que dos años antes triunfó con "Ben Hur", el film más oscarizado de la historia, un éxito rotundo de crítica y público?
¿Se merece ese olvido una película que cuenta como autor de la banda sonora con Alex North, que había firmado un año antes la inmortal música de "Espartaco"?
 


Puede, así sucedió en 1961. La película en cuestión se llama THE CHILDREN'S HOUR (en España, "La calumnia"). Se estrenó en las navidades de ese año. La explicación a semejante disparate hay que buscarla en el espinoso tema que trataba. 

Ahora que se avecina la hora de los niños, la consabida cabalgata de Reyes, hay que recordar lo cruel que pueden ser, lo perversos que pueden resultar cuando juegan a ser mayores y éstos, que no dejan de ser niños grandes, prestan oídos a sus enredos.

Pues eso, querido visitante de la Casa Deshabitada, que si no conoces esta maravilla deberías hacer todo lo posoble por verla. No te arrepentirás. Palabra de Habitante Incierto.

sábado, 30 de julio de 2016

El cuento de la Princesa Kaguya (reseña)


Título: El cuento de la Princesa Kaguya
Título original: Kaguya-hime no Monogatari
Director: Isao Takahata 

Año: 2013
Duración: 137 min.


Guión: Isao Takahata, Riko Sakaguchi
Música: Joe Hisaishi


Sinopsis (extractada de Filmaffinity): Basada en un cuento popular japonés anónimo del siglo IX, "El cortador de bambú". La historia comienza cuando una pareja de ancianos campesinos encuentran a una niña diminuta dentro de una planta de bambú, y deciden adoptarla como si fuera su hija. Convertida rápidamente en una hermosa mujer, es pretendida por muchos hombres, incluido el emperador...

Estos son algunos de los premios cosechados por el film de Takahata: Nominada a Mejor largometraje animación en los Oscar 2014, Mejor largometraje de animación por Críticos de Los Angeles 2014, Festival de Cannes 2014: Sección oficial, etc




Muchos cinéfilos desprecian las películas de dibujos animados. Con suerte, le conceden el beneficio de la duda a toda un clásico del Séptimo Arte como es “Fantasía”; es a lo más que llegan los integristas del cine.

 
El Habitante Incierto de esta casa, más abierto de mente, disfruta por igual de una película ya sea interpretada por actores de carne y hueso o actores de colores y tinta negra. Lo importante es el guión, la trama, el delineado psicológico de los personajes, y nunca la técnica empleada para conseguirla.

Ayer le tocó el turno a la última maravilla alumbrada por el Estudio Ghibli, una película de Isao Takahata: “El cuento de la Princesa Kaguya”. El milagro del nacimiento de la princesa en una caña de bambú, el milagro de la repentina transformación en bebé, el de la improbable subida de leche a los pechos de una anciana o el del crecimiento anormal de la pequeña no son más que el inicio de una historia que Takahata cuenta con delectación y sosiego. Sin prisas. Todo tiene su tempo. 

 

El director se regodea, sobre todo en las escenas campestres, en una paleta de colores asombrosos, reforzando los detalles en el centro de la imagen y difuminando los contornos conforme se alejan del mismo. La naturaleza se muestra en todo su esplendor, no hay mejor escenario para las tiernas correrías de Brote de Bambú, así llaman a la princesa sus amigos, y Sutemaru.

Toda esta felicidad no es más que el prólogo al verdadero drama que la protagonista vivirá en cuanto se traslade a la capital, donde su padre “adoptivo”, el leñador que la recogió del bambú, ha edificado una mansión en su honor gracias al oro que ha ido encontrando en el interior de otros bambúes. Ajena a la predestinación de quienes viven para ser princesas, Kaguya se siente a disgusto, constreñida por las convenciones y los rigores de una clase social a la que sus padres se empeñan que pertenezca. El aprendizaje y la rebeldía, el sometimiento y la rabia, volcados sobre una muchacha a quien la hermosura se le escapa por los ojos y por los dedos cuando toca una música en el koto.



La música, firmada por Joe Hisaishi, acompaña, susurra, colorea cada sentimiento con la dulzura propia de la princesa Kaguya. La película, que no se hace larga pese a superar los ciento treinta minutos, es una de esas raras joyas que uno se encuentra de improviso en el intrascendente cine actual. Si hoy en día en el cine todo son efectos visuales de artificio, historias escritas y deglutidas para espectadores con el cociente intelectual de una ameba, y chistes de variada índole con que satisfacer los bolsillos de quienes pagan una entrada o con que endulzar aún más las palomitas de colores, “El cuento de la princesa Kaguya” rinde homenaje a la tradición del buen cine japonés, pausa, composición de personajes, diálogos justos, y una historia que trasciende. 


El Habitante Incierto sabe que ha visto una obra de arte. Un nuevo clásico. Una joya. Y así te lo hace saber.