Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO", "EL MANANTIAL" y "HOLMES Y EL CASO DE LOS OCHO ESTÓMAGOS", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

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sábado, 17 de octubre de 2020

Antonio Castro-Guerrero se viste de género policíaco

 

 

Título: La centrocampista murió al amanecer

       II Premio Carlos Matallanas de novela breve

Autor: Antonio Castro-Guerrero

Año: 2020

Editorial: Libros Cúpula

Número de páginas: 152

Sinopsis (de la contraportada): Una llamada anónima advierte de que hay un cadáver en una de las torres de iluminación del estadio Vicente Calderón, que se encuentra en pleno proceso de demolición. El cuerpo sin vida corresponde a Nadia Coronado, una jugadora de veintidós años y estrella de un equipo modesto de la primera división de fútbol femenino. Todo apunta a que Nadia ha sido asesinada. La inspectora de homicidios Sol Trocás será la encargada de resolver el caso junto a la subinspectora Gemma Silom. Ambas policías no solo tendrán que averiguar quién mató a Nadia; también deberán enfrentarse a otro problema: el machismo aún existente en una parte de la sociedad.


Antes de nada señalar que la publicación de esta novela obedece a la convocatoria del II Premio Carlos Matallanas de Novela Breve, de la que resultó ganadora en marzo de este 2020. Edita Libros Cúpula con el auspicio de la AFE (Asociación de Futbolistas españoles). Todos los beneficios de la venta de la misma van destinados a FUNDELA (Fundación Española para la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica). En estos tiempos tan duros que vivimos por culpa de una pandemia, nunca está de más un recordatorio a esas otras enfermedades que están ahí y no han desaparecido, acaso se hayan vuelto más invisibles de que lo ya eran de por sí. 

(Esta reseña ha sido escrita evitando en lo posible las revelaciones sustantivas, los odiosos spoliers.)

En lo referente a la novela, La centrocampista murió al amanecer, ¿qué decir de ella sin desvelar ningún dato relevante de la trama, o señalar por acción u omisión algún dato al posible o futuro lector que le permita elucubrar en una u otra dirección sin desorientarlo? Intentémoslo. De inmediato, a las pocas páginas, sabremos lo que ya declaran tanto el título de la obra como su portada: estamos ante el caso (¿posible?) de un asesinato o el suicidio (¿probable?) de una prometedora futbolista de 22 años. Y a poco que avancemos en sus páginas, descubriremos que el escenario y fondo (que a la vez se erige en protagonista) es el mundo del fútbol femenino, y todo cuanto lo rodea y asfixia, porque sus reivindicaciones laborales son inversamente proporcionales al presencia del machismo que todo lo toca y pudre. Entrenadores y no entrenadoras, presidentes y no presidentas, carencias sangrantes de todo tipo en los vestuarios, número de espectadores en las gradas, estadios tercermundistas, insultos proferidos a futbolistas o árbitras... Al novelista no le hace falta subrayarlo: cuanto rodea al caso de la muerte de Nadia Coronado huele y hiede a esta lacra. 

La centrocampista murió al amanecer se lee de un tirón, nada sobra. No hay tiempos muertos, ni disgresiones que conduzcan a un callejón sin salida, tan común en tantas otras obras "rellenapáginas" que casi se venden al peso. Todo cuanto ocurre tiene sentido, todo posibilita la resolución del misterio que envuelve a la muerte imprevista de una muchacha con todo el futuro por delante. A ninguno de cuantos leímos en su día "El último viaje de Sorolla" (desde este blog pedimos su reedición) nos sorprende la sabiduría "invsible" de Castro-Guerrero para retratar personajes y ambientes y escenarios, y hacerlo de manera sutil y justa (con precisión de miniaturista) sin que entorpezca el avance de la trama. 

Con todo, lo mejor de esta novela es la pareja protagonista, Sol y Gemma, inspectora y subinspectora de homicidios prespectivamente, personajes que beben de la más rica tradición literaria, desde el Quijote y Sancho Panza o Holmes y el doctor Watson hasta Carvalho y Biscuter. Porque es en su complicidad y en sus diferencias, también en cada uno de los diálogos que mantienen durante la investigación, donde estas mujeres crecen hasta el punto de quedársele pequeño este caso; sería de agredecer más aventuras y desventuras de esta pareja. (Para quien quiera descubrir por sí mism@ alguna de estas diferencias, le invitamos a que pase al párrafo siguiente.) Porque si a Sol Trocás le gusta la música clásica (Pagliacci, el Cuarteto nº 14 de Schubert, la Sinfonía nº 2 "Resurrección" de Mahler, el Lavapiés de Albéniz...), a Gemma Silom le entusiasman los verdiales. Si Sol es de Madrid, Gemma es de Barcelona. Si Sol a sus casi cincuenta conserva un cuerpo y figura envidiable, Gemma se siente acomplejada de su sobrepeso. Si Sol come con voracidad de escualo, Gemma está siempre a dieta. Si Sol permanece soltera, Gemma sobrelleva como puede su situación familiar.

Que en alguno de los pantagruélicos desayunos o almuerzos de la inspectora Sol Trocás sobrevuele la sombra de Carvalho y los suyos, no hace más que honrar las palabras que el novelista malagueño dedicase al maestro Vázquez Montalbán. En resumidas cuentas, una novela recomendable para todo seguidor del género policíaco y, yendo más allá, para todos cuantos quieran leer una novela impecablemente escrita y con dos personajes inolvidables. 

Si los hados lo permiten, auguramos una larga vida a Sol Trocás y a Gemma Silom, y una no menos fructífera carrera literaria a Antonio Castro-Guerrero. 

 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Gente sin rumbo

 

Gente muy muy enfadada por todo y por nada, contra todo y contra nada, contra los gobernadores y los desgobernadores, por la verdad verdadera y por la verdad comprada, por aquí y por allá. Gente tan desorientada que vive por pura inercia, gracias al piloto automático. Tan descolocada que no acierta a verse ni sentirse viva.
 
¡Menos mal que la pandemia (que muchos niegan) iba a enseñarnos el verdadero valor de la vida! El valor de la vida, no sé; pero el de la estupidez humana lo ha dejado al descubierto.

 

martes, 10 de mayo de 2016

Recomendación del mes de mayo: Mano de Galaxia


Título: Mano de Galaxia
Autor: Gabriel Bermúdez Castillo
Año: 1977-1979
Páginas: 1211
Editorial: Larumbe. Textos Aragoneses. Prensas Universitarias de Zaragoza


Texto de contraportada: Por vez primera se publica completa la novela más ambiciosa de Gabriel Bermúdez, uno de los autores de ciencia ficción más valorados y conocidos en nuestro país y en el extranjero. La obra consta de dos partes. La primera, titulada «Golconda», se publicó mutilada y censurada en 1987. De la segunda, «Haladriel», solo se disponía hasta el momento de una versión en soporte electrónico del año 2001 plagada de erratas y anterior a la revisión del texto que llevó a cabo el autor. La presente edición ha sido supervisada por Gabriel Bermúdez, que, además, ha añadido un índice onomástico que no figuraba en el plan original de la obra y que ayudará al lector a seguir mejor las peripecias de los personajes de esta novela futurista.


Gabriel Bermúdez Castillo

¿Qué se puede decir de una novela que alcanza las mil doscientas páginas y que es, acaso, la más ambiciosa de todo el catálogo de Gabriel Bermúdez Castillo (autor de por sí originalísimo y ambicioso donde los haya) y, por extensión, una de las ambiciosas de todo el género patrio de la ciencia ficción? No es exagerado sostener tal afirmación: sólo quienes se han enfrentado a ella saben de lo que hablo, y que me asiste la verdad. Muy pocas veces se han manejado tantos personajes y escenarios, aventuras y batallas, intrigas y traiciones, tramas y subtramas para perfilar a un protagonista de la talla de Víctor Lanyard, para describir su nacimiento como ladronzuelo, su escalada como líder de una rebelión y su posterior encumbramiento. 

El particular humor e idiosincrasia de la narrativa de Bermúdez Castillo, que no permitiría el dibujo del típico y clásico héroe (ni tampoco el de un villano al uso), apuesta por un tipo capaz de cualquier cosa con tal de llevar a cabo sus planes, maquiavélico en eso de que "el fin justifica los medios" (aclarar de paso que esta cita no es de Nicolás Maquiavelo, sino del teólogo alemán Hermmann Busenbaum, y dice así: Cuando el fin es lícito, también lo son los medios). No contento con ello, el autor da una vuelta de tuerca más a su personaje, de lo contrario no sería ni original ni ambicioso: Víctor es un niño de nueve años que ha "mutado" a persona adulta con una particularidad, la de haber manteniendo el cuerpo de un infante. He aquí uno de los principales valores de la obra: disertar sobre el ansia de poder, la dominación mental y física, contar aberraciones y detallar escenas de cierto contenido sexual valiéndose de un reparto de niños que no alcanzan los doce años. Todo un atrevimiento, casi una ofensa para la moral y un disparo en la cabeza de la gente de bien; recordemos que estamos hablando de una novela escrita entre 1977-79, como quien dice en el Paleolítico. 

El culpable de todo es el profesor Taberner, bebedor y mujeriego, que habiendo sido expulsado de la Universidad de Golconda ha creado una droga que permite la mutación de los pequeños. Tan pronto como es testada, Víctor Lanyard empieza a repartir la droga a los demás compañeros de correrías. Lo que empieza como una novela de ladronzuelos (anótese la importancia que tiene en las quinientas primeras páginas el lenguaje del hampa, el caló) se transforma en una obra que versa sobre una guerra civil, la rebelión y la conquista de distintos planetas. En una epopeya.

Separada en dos partes tituladas "Golconda" y "Haladriel", MANO DE GALAXIA muestra la rebelión y alzamiento en armas de los niños "mutados", llamados paidos, contra los "prohibidos" (así denominan a los adultos). Víctor no deja de crecer como líder al mismo tiempo que no desperdicia ocasión alguna de conquistar a toda aquella niña paido con que se tropieza. Anotar en este sentido que "Golconda", la primera parte, fue publicada por Ediciones Acervo totalmente mutilada, especialmente despedazada en las escenas de contenido sexual. Lo que para la versión original es picardía y pasión, la edición de Acervo lo torna en pacatería y noñería. Se elimaron, pues, descripciones y escenas completas en beneficio de una supuesta blancura e inocencia de los personajes, todo un disparate si tenemos en cuenta que en "Haladriel" el sexo tiene cierta importancia argumental.

La edición de Larumbe. Textos Aragoneses (publicación de la Universidad de Zaragoza) recupera la versión original y muestra a los paidos en todo su esplendor, dotando a la obra de esa irreverencia y perversidad tan característica de Bermúdez Castillo. Con tinta roja se señalan las mutilaciones y/o supresiones perpetradas por Acervo y, en notas a pie de página se subrayan las diferencias. Un trabajo primoroso, sin duda, al que hay que unir el texto introductorio de Luis Ballabriga, donde se habla de toda la producción literaria de Bermúdez Castillo, y del extenso epílogo donde se repasa una extensa bibliografía y añade un profuso índice onomástico. 

La edición de Larumbe está a la altura de la obra, excepcional desde cualquier punto de vista. Como todo no iban a ser parabienes, he de pedir a la Universidad de Zaragoza que apueste por una distribución y promoción que hagan justicia al monumental trabajo realizado; y es que ya sea por la consabida indolencia de las administraciones, o porque el dinero invertido es público y no privado, la maravillosa edición de Larumbe permanece desconocida para muchos. 

Resumiendo, una obra monumental. Imprescindible para los seguidores de Bermúdez Castillo y para los amantes de la buena ciencia ficción. Animo a éstos a conseguir esta maravilla en dos volúmenes. A través del enlace, comprobaréis que la edición de Larumbe no es nada cara para lo que suele ser habitual:
http://puz.unizar.es/detalle/922/Mano+de+galaxia.+I.Golconda++II.+Haladriel+%282+vol.%29-0.html

jueves, 21 de abril de 2016

Recomendación del mes de abril: Diarios 2012-2013, de Hilario Barrero


Título: Diarios 2012-2013
Autor: Hilario Barrero
Año: 2015
Páginas: 359
Editorial: La isla de Siltolá

Texto de contraportada firmado por José Luis García Martín (extractado): La inquieta curiosidad y la incansable cordialidad caracterizan a Hilario Barrero, poeta, traductor, profesor nacido en Toledo y residente en Nueva York desde hace varias décadas. (...) Toledo es la ciudad de la infancia, del rechazo al joven rebelde y distinto, de las celebraciones de la madurez. Las páginas dedicadas a Toledo están llenas de melancolía, pero también de celebración. (...) Pero la gran protagonista de una obra llena de personajes y escenarios (Málaga, Lisboa, Boston, el Gijón de todos los veranos) es Nueva York, una ciudad inabarcable y cotidiana que Hilario Barrero acierta a ver con ojos distintos. A la Nueva York de Julio Camba, de Juan Ramón Jiménez, de García Lorca se añade así –complementaria, contraria, igualmente verdadera– la de Hilario Barrero, un nombre ya imprescindible en la literatura española contemporánea.

Aquí encontraréis la ficha completa del libro en la página de la editorial:
http://siltola.blogspot.com.es/2015/12/diarios-2012-2013-de-hilario-barrero.html

A continuación, la reseña. En cursiva, fragmentos de estos Diarios. 

El Habitante Incierto posa con los Diarios 2012-2013

"Enero. Domingo 1.- Coleccionan plumas estilográficas, óperas raras, primeras ediciones de novelistas de la generación perdida, fotografías en blanco y negro, relojes de bolsillo de oro y desde la ventana de la sala tienen una vista alucinante de Manhattan y de Brooklyn."

Así comienzan estos "Diarios 2012-2013" de Hilario Barrero. Con una descripción. Para acto seguido dejarnos el primer destello de genio: "Una casa es un mundo, a veces un museo con una cama de matrimonio fría y sin hacer."

En este libro hay espacio para los turistas de papel a quienes les gusta conocer otras ciudades, monumentos varios, iglesias, salas de concierto, parques y restaurantes por mediación de los viajes emprendidos por otros. Hay también espacio para los enamorados de Nueva York y los que han de enamorarse de Brooklyn. Para los que se sienten cómodos en Málaga, Toledo, Gijón y su Semana Negra, o en Lisboa. Y hasta para los melómanos: sólo hay que tropezarse con las referencias a Montserrat Caballé, la Octava Sinfonía de Bruckner, al Concierto de clarinete de Mozart, Alicia de Larrocha, Rafael Frühbeck de Burgos o al Falstaff de Verdi. Pero el alcance de esta obra es mucho mayor que el de un simple muestrario de curiosidades o un escaparate de recuerdos y vanidades de todo pelaje; no, ella camina más allá: lo que de verdad refulge en sus páginas es la intensidad de la verdad, la opalescencia de la observación más afilada.

"Paso por un edificio que tiene diez ventanas. En una se asoma un gato con los ojos asustados. ¿Qué es lo que ha visto? La guerra que pasa. (...) La penúltima es la ventana en movimiento del anciano que pasa y no mira, lo ignora todo porque lo sabe todo. Es un viejo que va derecho hacia la noche con los ojos llenos de luz. La última es la de ojos vacíos, la de la voz de plomo, la de la lengua de ceniza: la puta muerte."

Vivir a través de los ojos de Hilario Barrero. Enamorarte de lugares que ves gracias a su aguda mirada. Sentir que el texto te recibe como el mejor de los anfitriones, que te arropa, te comprende. Experimentar la sensación de que, hacía ya tiempo, necesitabas emprender este viaje literario. Así, justamente así, me sentí en cuanto me hube adentrado en sus páginas, bienvenido, agasajado con la mejor de las atenciones, nunca forastero en tierra extraña que diría Robert A. Heinlein. De pronto eres un viejo amigo, ése al que se le cuentan las confidencias más intimas cuando el fragor de la ciudad se apaga con la caída de la noche y es más audible la voz del anfitrión. Todo tiene la naturalidad y la hondura de la confidencia; en algunas ocasiones, la tonalidad en sol menor de la despedida.

"Se ha muerto suavemente (una vieja amiga), casi sin dolor, la carne ida, sólo los huesos, el corazón asustado de tanto tiempo, la sangre cansada de tanto caminar. Se ha muerto dejándonos un mundo de recuerdos y avisándonos de que con su muerte estamos más indefensos, más solos, más huérfanos." 

Verdaderos los vecinos, también los viajeros con que Barrero se cruza en el metro y los amigos que recupera cada cierto tiempo, viaje transoceánico a viaje transoceánico. ¿Qué decir de ese amigo que colecciona fotografías autografiadas por Montserrat Caballé? Irrevocables las ausencias que se exorcizan a golpe de nostalgia, los escenarios que ya no son lo que eran treinta años atrás por culpa del progreso, del maquillaje inexorable de las ciudades. ¡Cómo no recordar la reflexión que hace el poeta en torno a la figura de Rafael Frühbeck de Burgos, ya muy mayor, mientras dirige la Orquesta Filarmónica de Nueva York!

"En el metro me siento tan cansado que pienso que así debe de ser el hacerse viejo y no tener fuerzas para vivir. Así debe de ser ir acercándose a la muerte casi con naturalidad. Al ver entrar al director (Frühbeck de Burgos), al escenario me deprimo. Camina lento, encorvado, con dificultad. Yo lo recordaba, hace muchos años, arrogante, alto, con el rostro altivo, el gesto agrio, el ademán adusto. Sube al pódium y se sienta en una silla. (...) Morir debe de ser algo así. Esperar a la muerte debe de ser algo así: sentirse cansado, que la vida no te importe, que te duelan los huesos, que quieras dormir y no despertarte." 

Más allá de la incierta sombra de la muerte que nubla las oraciones y arista el desencanto, más allá de su influjo, bulle la vida. Y bulle con todo su esplendor. Las ganas de aprehenderlo todo. Una urgencia en la mirada, una plenitud en el tacto, en los sabores y los olores. Quien lea estos Diarios no olvidará a los que se amaron a cada instante ni esa mirada de Viernes Santo. Ni las raíces que da la vida ni aquel conjunto de barcas, ni las cicatrices de los amantes. Tampoco la luz que espera a Hopper, las huellas dactilares del otoño, la frontera de los cuarenta. El sol de noviembre, la bicicleta olvidada. El cementerio de los Ingleses, los baños del Carmen. Un pregón en tu ciudad natal, el zoológico de animales de porcelana.

"Cuando empezaron las celebraciones, fuego en el espejo y brasa en la alcoba, lo celebraban en restaurantes de barrio, vino de la casa y menú del día, dormían en pensiones sin ascensor, en pisos altos de pasillos oscuros y olor a humedad y viajaban en trenes de tercera deseosos, con prisa por que llegara la noche, el amor sorprendido de tanta fuerza en los huesos y en la mirada."

Buena parte de culpa de semejante intensidad la tiene otra presencia, más vivificante que la de la muerte. Gracias al cuidado con que están elegidas las palabras, esta otra presencia no pasa de ser una sombra que huye: me refiero a esa segunda persona con que, a veces, departe el poeta. Es él, la sombra que le acompaña, el destinatario y destino final del diario. La última parada del metro. Ésa en la que uno siempre encuentra cobijo al regresar de un viaje o de dar clases en la Universidad. El amigo que te comprende sin que intermedien las palabras.

"Otros viajan a Ítaca porque no tienen ciudad adonde ir, yo viajo a ti cada día porque no eres sólo mi ciudad, eres mi principio y mi final, el tapiz y las sirenas."

En definitiva, es un libro hermoso. Hondo, casi flamenco. Con quejío neoyorquino pero sin el tipismo cinematográfico. Un viaje dentro de otro viaje. Un gigantesco poemario con forma de diario. 

A modo de colofón os dejo el poema con que Hilario Barrero pone punto y final a la obra. Cómo no, es su adorada Emily Dickinson. Se llama "Esperanza".

"La esperanza es una casa con alas
que se posa en el alma
y canta la melodía -sin palabras,
y nunca cesa de cantar
y se la oye más dulcemente en la borrasca;
y fuerte debe ser la tormenta,
que pueda desconectar al pajarito
que ha abrigado a tantos.

Lo he oído en la tierra más fría
y en el más extraño de los mares
pero nunca, ni en la mayor adversidad,
me pidió una migaja."

domingo, 14 de junio de 2015

Recomendación del mes de junio: Fiebre de Guerra


Título: Fiebre de guerra
Autor: J.G.Ballard
Año: 1990
Páginas: 219
Editorial: Berenice


Sinopsis (extractada de Amazon): En un deslumbrante despliegue de invención y afilada crítica social, las historias contenidas en "Fiebre de guerra" van desde la sátira hilarante a la parábola aterradora, de la ciencia ficción más osada a la fantasía lírica. (...) Durante todo el libro, Ballard se muestra como un destacado experto difuminando la distinción entre las realidades del presente y sus distorsionados escenarios de un futuro muy cercano.



Recopilación de cuentos que van desde "El desastre aéreo", el más antiguo, escrito en el año 1975, a "Cargamentos de sueños", el más moderno, de 1990, y que muestra varias de las obsesiones más cotidianas de la narrativa de este autor: la pasión por los aviones, su interés por la astronáutica, la dualidad entre lo real y lo imaginado o contado, las intrigas y experimentos gubernamentales, las figuras mesiánicas... Vayamos brevemente con cada relato.

    "Fiebre de guerra" - Es verano. En Beirut combaten por uno y otro bando soldados muy jóvenes, entre ellos Ryan, que cuenta con diecisiete años. Durante un sueño, Ryan ha entrevisto la posibilidad de declarar un alto el fuego en la ciudad, así que pone todo su empeño en conseguirlo. Cambia su casco por uno azul de la ONU, un gesto que poco a poco será imitado por el resto de la tropa. ¿Acabar con el conflicto armado será tan fácil? Defintivamente no; la fiebre de guerra se resiste a dejar su hueco a la paz. Una aguda reflexión en torno a los intereses que pueden perpetuar los disparos y la explosión de las bombas.

    "La historia secreta de la Tercera Guerra Mundial" - Un conflicto que apenas durará cuatro minutos el 27 de enero de 1995 entre los EE.UU liderados por Ronald Reagan y la URSS de Mijaíl Gorbachov, y que es eclipsado por la enfermedad de Reagan. Despiadado, cínico e irónico relato que demuestra hasta dónde es capaz de llegar la voracidad del periodismo con tal de retransmitir minuto a minuto, latido a latido, la decadencia física de un hombre: en este caso, el Presidente de los EE.UU.

    "Cargamentos de sueños" - Por culpa de una tormenta, el carguero Próspero sufre un accidente. Después de mendigar un puerto donde refugiarse y de que le sea denegado el acceso a cuantos encuentra a su paso (sufre una fuga de peligrosos vertidos tóxicos), la nave terminará por encallar en una isla desierta a once kms de Puerto Rico. Producto del vertido, y por azar del destino, la isla reverdece con una flora de imparable crecimiento y extrañas tonalidades y formas. Casi un milagro. En el carguero resiste Johnson, marinero con ínfulas de capitán. Pero no se encuentra solo en la isla: la bióloga doctora Chambers ha llegado hasta allí para estudiar el fenómeno.

    "El objeto del ataque" - El Chico es un interno en un hospital mental británico, detenido por organizar un atentado en Londres contra la reina y su ilustre visitante, Ronald Reagan. Poco a poco, el relato irá mostrando otro objeto del ataque, quizá el auténtico contra el que quiso atentar el Chico, mucho más peligroso a la larga que la reina y el presidente yanqui.

    "Amor en un clima frío" - Asolada por el sida y demás enfermedades de transmisión sexual, la gente ha terminado rehuyendo todo contacto carnal. La histeria llega hasta tal punto que la demografía se resiente de manera alarmante. El humor de Ballard permite que sean los curas quienes se encarguen de promover la procreación; ¿cómo?, pues emitiendo vídeos porno en las iglesias. En este contexto, el protagonista, un ciudadano sin más, ha de cumplir con la obligación de mantener relaciones sexuales con una voluntaria que no conoce y que se le ha sido asignada. Nada de amor, sólo sexo y procreación.

    "El parque temático más grande del mundo" - En 1995 se produce un hecho de lo más insólito: los veraneantes de las costas mediterráneaas se niegan a regresar a sus países y sus puestos de trabajo. Lo que en un principio no parece más que una charada, el autor termina convirtiéndolo en un problema político y financiero de primera magnitud. Y es que cuando los turistas ven peligrar su sacrosanta libertad de decidir dónde descansar, se organizan en ejércitos de lo más peligrosos. De ahí a la dictadura del ocio, apenas media un paso. 

    "Respuestas a un cuestionario" - Cien respuestas a otras tantas preguntas que el lector desconoce (se omiten). Tras el aparente desorden de las respuestas parece que subyace otro desorden más grave. Es un relato que no ofrece ninguna respuesta ni asidero argumental a quien se enfrenta a él.

    "El desastre aéreo" - Un avión de grandes dimensiones, con hasta mil pasajeros, se ha estrellado no muy lejos de Acapulco. Ello dispara el morbo de periodistas y curiosos. El protagonista de esta historia, corresponsal de una cadena de tv, decide buscar lejos del mar, que es lugar más probable donde ha caído el aparato a juzgar por la trayectoria del vuelo. Mejor indagar en las montañas a la espera de que la suerte le sonría y le permita la exclusiva del accidente. Relato que carece de dobleces ni esconde códigos que descifrar, tanto que es el menos ambicioso de la colección (quizá se deba a que es el más antiguo de todos).

    "Informe sobre una estación espacial no identificada" - A fin de evitar un accidente, la expedición aterriza sobre una estación que, a primera vista, se antoja insignificante: sus reducidas dimensiones no dan para más. Sin embargo, conforme se suceden los días y el reconocimiento de la estación, está se muestra más grande, mucho más de lo imaginado. Un lugar lo suficientemente gigantesco como para que se pierdan dos tripulantes y sea imposible encontrarlos. Todo el relato destila una incierta amenaza.

    "El hombre que caminó sobre la luna" - El protagonista recuerda cómo, hace años, conoció a un tal Scranton que mantenía a su vez que había caminado sobre la luna, pese a no ser más que un delirio de grandeza. Es la historia triste de dos personajes que comparten soledad y fantasía, esa necesidad de ser alguien frente a los demás.

    "El espacio enorme" - Un hombre decide encerrarse en casa y no salir bajo ninguna circunstancia de ella. Poco a poco percibe cómo la casa se agranda, hasta el punto de temer perderse en ella. Por si no fuera bastante, en seguida surge otro tipo de problema: cómo abastecerse. De alguna manera me ha recordado al célebre "Casa tomada" de Julio Cortázar.

    "Recuerdos de la era espacial" - Al sur del pararelo 31, la vida de los EE.UU se ha detenido: ciudades abandonadas, desiertas, en completo silencio. Extraño y fascinante cuento en que Mallory y su mujer Anne llegan a Florida alertados por una fuga en el tiempo, escape que parece empeñado en detener, congelar el tiempo. Parte de la solución del problema la tiene un tal Hinton, un aviador empeñado en pilotar aeronaves cada vez más antiguas. Extraño y críptico relato, no exento de grandeza y poesía.

    "Notas hacia un colapso mental" - El doctor Robert Loughlin mata a su esposa para evitarle el sufrimiento de un carcinoma que no se puede operar. Como suele ocurrir en la narrativa de Ballard, conforme se desarrolla la historia todo se torna cuestionable. El dilema de qué es verdad y qué mentira preña todas y cada una de las supuestas notas de este relato.

    "El índice"  - H.R.Hamilton quiso escribir una autobiografía, de la cual sólo sobrevive este índice. Una extraña estructura a través de la cual narrar la vida, obra y milagros de un hombre que afirma haberse reunido con personalidades de la talla de W.Churchill, A.Einstein, S.Freud, E.Hemingway, A.Hitler o M.Gandhi. Lo único en claro que sacamos cotejando el índice de marras es que Hamilton se tenía por una suerte de divinidad y que fundó el Movimiento de la Perfecta Luz.



Impecablemente editada por Berenice, los relatos van firmados por la fecha en que fueron escritos, detalle muy de agradecer para el Habitante Incierto. Lectura imprescindible para quien quiera enfrentarse a un autor de verdad, a un peso pesado de las letras, a un soñador de distopías posibles y utopías inalcanzables. Lectura a veces muy física, otras netamente especulativa. Una colección de relatos a la que regresar cada cierto tiempo.

Resumiendo, un libro disfrutable por aquellos lectores que gustan de pensar.

sábado, 16 de mayo de 2015

Recomendación del mes de mayo



Título: El adversario
Título original: L'Adversarie
Autor: Emmanuel Carrére
Páginas:172
Editorial: Anagrama.
Género: ?

Esta ntrada es una colaboración de Antonio Calzado, autor de "El lagaro en la Roca", y que en su día el propio autor subió a su blog homínimo, ahora desaparecido. Subida con permiso del mismo. 


                                        El autor
"La mañana del nueve de enero de 1993, mientras Jean Claude Romand mataba a su mujer y a sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica de la escuela de Gabriel, nuestro hijo primogénito..."

Así comienza El Adversario y el autor no se ha visto obligado a inventar nada: estos hechos ocurrieron realmente. Jean Claude Romand mató también a sus padres con un rifle y después intento suicidarse, en vano. En la actualidad cumple cadena perpetua en la prisión de Villefranche-sur-Saone.


                                   El protagonista
A primera vista, no hay mucho de especial en este suceso. Un asesinato múltiple, otro escalofriante caso en la historia criminal de Francia. Pero lo que convierte en única a esta historia no son los crímenes, sino la Mentira. El Adversario narra la historia de una mentira tan enorme y tan aparentemente imposible de sostener que duró más de veinte años.

El prestigioso doctor Jean Claude Romand trabaja en la sede de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, Suiza. Percibe un excelente sueldo y está considerado como una autoridad mundial en el campo de la oncología. Reside en una lujosa casa cerca de la frontera entre Francia y Suiza. Conoce a intelectuales y políticos, y es un esposo y padre modelo. Sólo que todo esto es mentira, porque Jean Claude Romand es, literalmente, nada.



               El protagonista y su familia
Romand jamás llegó a licenciarse en medicina; abandonó la carrera en segundo curso. Tampoco trabajó en la OMS ni en ninguna otra parte, nunca. Todo era parte de un gigantesco engaño que sostuvo ante sus familiares y amigos durante la friolera de veinte años. Cuando su treta estaba a punto de ser descubierta, tomó la trágica decisión de matar a toda su familia y suicidarse. Pero el suicidio no tuvo éxito.

¿Cómo era un día cualquiera en la vida de Romand? Por la mañana se despedía afectuosamente de su familia y se marchaba, a 5000 l volante de su potente coche, a su trabajo de gran responsabilidad en la OMS. En realidad, Romand mataba el tiempo vagabundeando por autopistas, bosques y áreas de servicio. Leía en el coche o dormía, tomaba algo en cualquier cafetería prudentemente alejada de su casa. Y por las tardes regresaba a casa tras un día de duro trabajo. Nadie dudó de él jamás. Era un tipo tranquilo y atento que inspiraba confianza. La palabra de Jean Claude Romand era ley.



                   El protagonista dirante el juicio
Primero interesado y luego obsesionado por el caso, Emmanuel Carrére asistió al juicio y consiguió cartearse con Romand. Incluso llegó a entrevistarse con él en prisión. ¿Cómo era posible mantener un engaño así durante décadas? Y lo más importante: ¿por qué hacerlo? La última pregunta sigue sin tener respuesta.

Todo comenzó cuando Romand era estudiante (buen estudiante) de Medicina en la universidad de Lyon. Un día cualquiera, Romand no se presenta a un examen. No se sabe si fue porque se quedó dormido -es lo que él dice, que no le funcionó el despertador- o porque no lo llevaba preparado. La cuestión es en sí algo trivial. ¿No te has presentado al examen? Bien, prepárate para aprobarlo en la próxima convocatoria, eso le diría cualquiera. Romand reacciona de forma diametralmente opuesta: a los pocos días telefonea a sus padres para decirles que ha aprobado el examen al que no se presentó. Es el primer eslabón de una cadena infinita de mentiras.

A partir de ahí comienza a rodar la bola de nieve. Hay que inventarse otra mentira para tapar a la primera y así sucesivamente. No pasa mucho tiempo antes de que Romand se vea atrapado en su propia red de engaños. Quizá sin darse cuenta atraviesa el punto de no retorno. Llega un momento en que ya no puede confesar, porque ello implicaría que él mismo no existe. No es que haya mentido una o muchas veces, es que su propia existencia es una absoluta mentira. No hay una doble vida como delincuente, no hay un vicio vergonzoso o un abominable crimen tras las mentiras de Romand. Lo peor, lo más terrible de todo es que no hay absolutamente nada tras la fachada de Romand.

Es increíble el cuidado que emplea en que nadie descubra esta fachada. Probablemente usó más esfuerzo y tiempo en esta tarea que el que hubiera necesitado para licenciarse y trabajar realmente como médico. Todo está meditado hasta el último detalle. Jamás le da el teléfono de su oficina a su mujer y se comunica con ella a través de un busca. De vez en cuando, pasa por la sede de la OMS como visitante y recoge todos los folletos a disposición del público para dejarlos en su casa, como si los hubiese olvidado. Otras veces, y como es un médico importante, le invitan a congresos en el extranjero. En estos casos Romand se aloja unos días en un hotel cerca del aeropuerto y en las tiendas de París compra regalos para sus hijos, regalos típicos del país que se supone que va a visitar.

Pero si Romand no trabaja... ¿de dónde sale el dinero? Romand no vacila en estafar a sus amigos o a sus propios padres con el señuelo de jugosas inversiones en bancos suizos. Incluso llega a vender a precio astronómico -en su calidad de médico de la OMS- a un conocido que tiene cáncer un simple placebo, que supuestamente forma parte de un revolucionario tratamiento contra la enfermedad. Como era de esperar, el hombre muere de cáncer a los pocos meses.


    Forografías del protagonista en prisión
El libro es alucinante. No porque esté magníficamente escrito (que lo está), sino porque todo esto ocurrió de verdad. Si yo me invento esta historia para una novela me crucifican -y con razón- porque no se la cree nadie. Así que ya os digo, un libro recomendable cien por cien e indispensable para entender, al menos en cierta medida, el abismo en el que puede caer -¿por propia voluntad?- un ser humano. Y eso es todo por hoy. Hasta la próxima, gente.

Opinión personal: * * * * * (Excelente)


domingo, 19 de abril de 2015

Recomendación del mes de abril


Título: Los secretos de San Gervasio
Autor: Carlos Pujol
Año: 1994
Páginas: 205
Editorial: Pamiela


Carlos Pujol


Situar cronológicamente esta aventura holmesiana respecto del Canon holmesiano no es sencillo. El doctor Watson recuerda un caso que Holmes resolvió gracias al estudio de un botón y que tenía por intriga un asesinato en Greek Street, concretamente en una "casa georgiana tan rococó". Como quiera que el susodicho caso se antoja inventado por el propio Pujol, es inútil tomarlo como referencia. Acaso debamos tener el cuenta el siguiente dato: Watson aún pemanece soltero. Gracias al cual podríamos intentar situarlo con anterioridad a 1886-88. En cualquier caso, lo único cierto es que el detective y su inseparable amigo viajan hasta España, concretamente a Barcelona, y más aún a San Gervasio.

A altas horas de la madrugada, Holmes y Watson reciben en Baker Street a dos señoritas, hermanas por más señas, de nombre Miss Eulalia y Miss Angélica Vilumara. Don Pelegrín, su padre, que ha acumulado una notable fortuna gracias a su fábrica de tejidos, ha desparecido misteriosamente, hace ya dos meses. Desde entonces, nada se sabe de él. Como es de suponer, el detective asume el caso. Otra cosa es que desconfíe de las verdaderas intenciones de las hermanas. 

Nada es lo que parece en esta aventura: el olfato de Sherlock no le engaña. Elemental, querido lector. Don Pelegrín no ha desaparecido, ni es padre de las hermanas Vilumara. No hay más que novelería en un caso que no ha hecho más que comenzar en cuanto Holmes y Watson ponen un pie en la ciudad condal. Entre pista y pista, Carlos Pujol se obstina en confrontar las costumbres españolas (la obsesión por gritar en toda ocasión y momento, las comidas, el tabaco, la feliz idea de la siesta) con la idiosincrasia británica, confrontación de la que brotan no pocas reflexiones del célebre doctor y algunas sentencias del desconfiado detective. No obstante, uno y otro no tienen reparos en abrazar como suya la sana costumbre de la siesta.

Manicomio de Nueva Belén, San Gervasio

Una vez descubierta la añagaza inicial, la de la desaparición de Don Pelegrín, la pareja de amigos habrá de enfrentarse a la aparición un muerto, que se antoja como caído del cielo en mitad de una vaguada llamada Torrente del Diablo, y una desaparición o rapto del todo punto inexplicable, pues es imposible que la viuda Barnils haya desaparecido sin dejar el más mínimo rastro. Añadir que aparecen escenarios tan barceloneses como las Ramblas, el Tibidabo o el manicomio de Nueva Belén, situado en San Gervasio.

Publicada en 1994 por la editorial navarra Pamiela (en su colección Ilargia Literatura donde publicaron también autores como Muñoz Molina, Martín Santos o Sánchez-Ostiz), "Los secretos de San Gervasio" es un pastiche perfectamente escrito que hará las delicias de los lectores de tan exclusivo género. Muy recomendable para quien quiera conocer a Holmes y Watson comiendo huevos fritos y pa amb tomàquet, durmiendo en una fonda donde todos se llaman a gritos o fumando tabaco español. 

Sin duda, una rareza. Luego que nadie diga que el Habitante Incierto de esta casa deshabitada no se lo advirtió.

sábado, 7 de marzo de 2015

Recomendación del mes de marzo: La Carta


Título: La Carta
Autor: Raúl Guerra Garrido
Año: 1989
Páginas: 349
Editorial: Alianza Editorial

En lugar de que el Habitante Incierto nos hable de esta novela, hoy tenemos una colaboración. Nos visita Antonio Castro-Guerrero (Premio Ciudad de Cáceres 2013). Esta reseña ya apareció el 16 de enero de 2014 en el blog de la Opinión de Málaga, Etiqueta Negra. 
En este enlace podréis leer el original: http://blogs.opinionmalaga.com/etiquetanegra/2014/01/16/la-carta/

Que sea Castro-Guerrero quien nos hable de la obra de Guerra Garrido. 


De inicio me gustaría dejar claro que, en el mejor de los casos, esta obra se adscribiría al género negro de forma tangencial. Pero son tantos los puntos de contacto (chantaje, extorsión, amenazas de muerte, galería de criminales y adláteres…) y tan escasas las novelas escritas en España acerca del terrorismo en el País Vasco que merecerá la pena leerla para cualquier lector medianamente curioso.
En primer lugar, porque es una obra maestra de principio (arranque muy esclarecedor) a fin (conclusión de recuerdo imborrable).

 Y en segundo lugar, porque posee el aliciente de contar con un autor que conoce de sobras el tema del que habla. No en vano, Raúl Guerra Garrido, tras nacer en Madrid, crecer en El Bierzo y doctorarse en Farmacia en la Complutense, se estableció durante muchos años en San Sebastián, donde sufrió en primera persona los ataques del entorno etarra que culminaron en 2001 con el incendio de la farmacia familiar. Sus méritos literarios fueron recompensados con el Premio Nacional de las Letras en 2006. Por otra parte, su determinación por hacer visible la tragedia del terrorismo en Euskadi le llevó a ser miembro fundador del Foro de Ermua y a escribir, además de la que nos ocupa, una serie de novelas con ETA como objeto de su denuncia entre las que destacan La soledad del ángel de la guarda (2007), Lectura insólita de El capital (1976, Premio Nadal) y Tantos inocentes (1996, Premio de Novela Negra de la ciudad de Gijón).


Sin olvidar que La carta fue rechazada por alguna editorial y no consiguió ver la luz hasta 1990, hay que señalar como estímulo para los lectores más reticentes que el punto de partida argumental es realmente atractivo: el mismo día que el empresario Luis Casas cumple 50 años recibe la carta de ETA que le exige el pago del (mal llamado) impuesto revolucionario, una extorsión cifrada en 50 millones de pesetas con la amenaza explícita de asesinarle si no satisface el pago.


Aunque la acción se sitúa en el pueblo ficticio de Eibain, Raúl Guerra Garrido consigue dotar de gran verosimilitud a la narración empleando el recurso de la primera persona. Así es cómo el protagonista nos hace partícipes de sus miedos, su angustia y sus intentos desesperados por eludir el pago de la extorsión, lo que pondrá a prueba no solo su resistencia física y emocional sino también la integridad moral de familiares y amigos. En este descenso a los infiernos de la soledad [“me acongoja (…) sentirme solo en compañía de los míos”], el novelista no pierde la oportunidad de dar testimonio del drama del terrorismo vivido por él a través del personaje de Luis Casas, haciendo uso de la lucidez y la ironía de su pluma, ya sea refiriéndose a la misiva amenazadora que da título a la novela [“Quien dijo que el género epistolar era una lengua muerta, un género asesinado por el teléfono, se olvidó de los fanáticos”], o a la perversión de la realidad que se propugna desde el entorno etarra [“Que quien se dice en guerra pida amnistía a quien quiere exterminar, que lo firme un movimiento revolucionario de izquierdas autodenominándose nacionalsocialista, son paradojas que nadie desmonta”], al velo de silencio que se extiende alrededor de tanta violencia [“El miedo es la mejor de las censuras”] o los contrasentidos de una sociedad tutelada por el terror [“Ahora mismo podría pasear sin rastro de miedo por las extrañas ciudades de Antwwerpen, Nijkerk, Haarlem, Norköping, Aalborg (…)”].


Puesto que la brevedad es condición indispensable en una reseña, animo a los lectores a que sean ellos mismos quienes descubran los pormenores de la odisea en adelante vivirá Luis Casas, que comparte con el autor su condición de hombre de clase media, de inmigrante en Euskadi con raíces en El Bierzo y de ciudadano hostigado tanto por los terroristas como por sus simpatizantes. Dueño de un estilo depurado con vocación por el detalle y el análisis psicológico de los personajes, Guerra Garrido se vale de un artificio muy eficaz para dotar de mayor interés al desarrollo argumental: los capítulos están numerados de forma regresiva emulando una cuenta atrás, del TREINTA al CERO, que culmina en un final inolvidable.


Como colofón, solo me queda transcribir la nota aclaratoria y la cita con que se abre la novela puesto que son especialmente clarificadoras acerca del tono general de la obra:


- Los personajes y hechos que en esta novela se describen son ficticios. Todo parecido con la realidad es una coincidencia inevitable. – Primero vinieron los nazis y se llevaron a los judíos. Naturalmente yo no protesté porque yo no era judío. Después vinieron y se llevaron también a los comunistas. Yo tampoco protesté porque yo no era comunista. Luego vinieron y nos llevaron a todos. Entonces si protesté. Pero ya era tarde.

(Graffiti en una pared de Eibain, en vísperas de la manifestación de 18 de marzo. Amaneció tachado por un enérgico trazo y con la siguiente nota a pie de autor: “¡da la cara, fascista”.)


Dejando de lado la controversia sobre la autoría de la cita, ¿acaso es posible imaginar un preámbulo más esclarecedor acerca de cómo los violentos han pervertido no solo la convivencia en el País Vasco sino también la percepción de la realidad?


LO MEJOR: la certera radiografía de las singularidades del pueblo vasco (su pasión por la gastronomía, el fútbol, el nacionalismo militante, sus costumbres arraigadas en el pasado…) que pone al descubierto hasta qué punto el miedo ha multiplicado los culpables entre quienes justifican a los terroristas y quienes ignoran a las víctimas con su silencio cómplice, el análisis psicológico del protagonista, la progresión dramática de la acción y, por supuesto, su conclusión (cuya última página no debe leerse por anticipado si no se quiere renunciar a la sorpresa final).


LO PEOR: a pesar de haber sido publicada por primera vez en Plaza & Janés, más tarde en Espasa y últimamente en Alianza Editorial, nunca ha gozado del predicamento que merece entre los lectores.

lunes, 26 de enero de 2015

Recomendación del mes de enero: John Cheever


Empezamos las recomendaciones de este 2015 apostando sobre seguro, a caballo ganador. Una colección imprescindible de relatos que hará las delicias de todo aquel lector que guste del mejor relato norteamericano. Los CUENTOS de John Cheever.

Esta reseña apareció con anterioridad en Fantasymundo:
http://www.fantasymundo.com/articulos/6580/cuentos_completos_john_cheever_imprescindible_todo_que_guste_mejor_relato_contemporaneo
 

CUENTOS, de John Cheever

Leer esta colección de relatos de una tacada, con las naturales pausas e intermedios de la vida, es una experiencia similar a cuando uno enfrenta la audición de todos los cuartetos para cuerda compuestos por F.J.Haydn o haces una retrospectiva con la totalidad de los cortometrajes protagonizados por Buster Keaton. Una gozada para quien sepa apreciar, de verdad, una obra de arte. Mirar la realidad a través del microscopio de las letras. Hay que detener la lectura, saborear un texto, apuntar unas frases para incluirlas en la reseña o en el blog personal, placeres a consumar mientras nadamos de relato en relato, cual Neddy Merrill. Y, de añadidura, sentir el peso en tus manos del tomo en que RBA ha editado esta maravilla.
 
Hablar de todos los relatos sería una temeridad, además de una tortura para los lectores: ninguno de vosotros soportaría un resumen, aunque mínimo, de la totalidad. No sería más que un rosario de palabras y cuentos que aburriría al más curtido. Una vivencia que en nada se parecería a lo que esconden estas páginas. Así que destacaré apenas un puñadito, una selección de los mejores. 


“Adiós, hermano mío”: En este relato el narrador es un profesor casado, con cuatro hijos a su cargo, todo un Pommeroy. Es en Loud’s Head donde los Pommeroy tienen una casa para disfrutar del verano. Todo comienza cuando, ya reunida toda la familia, se aguarda la llegada de Lawrence, el menor de los cuatro hermanos. Una vez aparece Lawrence, que se encuentra en pie de guerra con su madre, no se baña como los demás, ni juega al tenis, ni asiste a baile de disfraces. Permanece en permanente malhumor. Sobresaliente ese momento en que Cheever recrea la vida de Lawrence y cómo se ha ido despidiendo de amigos, trabajos, ciudades.
 
“La monstruosa radio”: Jim e Irene Westcott son muy aficionados a la “música seria” (se menciona un Cuarteto de Schubert, un Quinteto de Mozart, un Preludio de Chopin, la Novena Sinfonía de Beethoven, el Coro de Gitanos de Il Trovatore de Verdi y El Mar de Debussy). Puesto que la radio que tienen en casa es vieja, Jim compra una nueva y monstruosa. Poblada de interferencias, la nueva radio sintoniza con la vida de todos los vecinos de los Wescott. Ahora todo es más divertido que antes.
“Canción de amor no correspondido”: Jack Corey y Joan Harris, dos amigos de Ohio, que hacen vidas separadas, se encuentran cada cierto tiempo. Uno y otra sufren desengaños, estafas, y a pesar de ello, de la crueldad de la vida, siguen viéndose al cabo de los años. Uno y otra renuevan sus sentimientos de antaño. Señalar que, amén de la muerte casual o no de todos los amantes de Joan, en el relato se hace mención a la Guerra Civil Española.
 
“La navidad es triste para los pobres”: Charlie trabaja siempre, incluso el día de Navidad. Es ascensorista. Se siente desdichado respecto de la vida que llevan los habitantes del bloque de apartamentos en que está contratado, pero no tanto respecto de la que sufren los niños pobres (a los que el autor dedica unas frases de honda tristeza). Tantas veces se queja ante los inquilinos de la tristeza latente en la Navidad y de que se encuentra solo, que su afectación tendrá una inesperada recompensa. Cuando el relato parece que puede acabar en una explosión de diabética azúcar, Cheever es capaz de sacar el escalpelo y practicar las incisiones oportunas.
 
“El día que el cerdo se cayó al pozo”: Es una pregunta recurrente que todos los veranos formula la familia Nudd cuando se reúnen en Whitebeach Camp, “¿Os acordáis del día que el cerdo se cayó al pozo?”. Es casi una medida del tiempo transcurrido desde entonces, el baremo con que evaluar amistades, amores, frustraciones. La familia Nudd y sus allegados superarán la crisis del 29 y hasta la Segunda Guerra Mundial, y todavía se seguirán acordando del verano en que el cerdo se cayó al pozo.
 
“¡Adiós, juventud! ¡Adiós, belleza!”: Este cuento, que no es otra cosa que un canto a la juventud perdida, nos muestra Cash Bentley, cuarenta años, atleta de joven, y a Louis, su esposa, una ama de casa tan atareada que no dispone de tiempo para casi nada. Sus vidas son tan monótonas, áridas, que han convertido las peleas y las reconciliaciones en las únicas muestras de pasión. En reuniones de familiares o amigos, Cash gusta de mostrar su antigua condición deportiva saltando sillas, sofás, hasta que ocurre lo que tiene que ocurrir.
 
“La geometría del amor”: Charlie Mallory encuentra de casualidad a Mathilda, su esposa, en la sección de juguetes de Woolworth’s, en la Quinta Avenida. Ella cree que la espía. Cuando Mathilda se marcha, Charlie no puede dejar de pensar que tiene un amante. Ante semejante amenaza no le queda más elección que refugiarse en la geometría para intentar entender el amor o la realidad de cuanto le rodea. Escrito con primoroso estilo, sin duda es uno de los mejores relatos del presente volumen, junto con “El nadador”.
 
“El nadador”: Estamos a domingo, mitad del verano. Neddy Merrill permanece sentado al borde de la piscina de unos amigos. Es un hombre maduro, pero su cuerpo aún guarda el eco no demasiado lejano de la juventud. Le separan de casa, donde aguardan sus cuatro hijas, doce kilómetros. De pronto, antes de que la tarde envejezca, se le ocurre una idea de lo más descabellada: podría regresar a casa nadando esos doce kilómetros de piscina en piscina. Y a ello se entrega con todas sus energías. En el camino, de agua en agua, encontrará fiestas donde es bienvenido y otras donde no lo es tanto. Alguna piscina vacía. Una carretera y la consecuente lluvia de insultos y mofas de los conductores. Una piscina pública que hiede a cloro y donde es casi imposible nadar. Una pareja nudista. Una tormenta. Y lo que al principio se antojaba una locura, se convierte en un verdadero desafío. De entre todos los cuentos de Cheever es quizá el más conocido, ya sea por la película que protagonizase Burt Lancaster o por méritos propios. En todo caso, sobresaliente, como también lo son “La geometría del amor” o “Adiós, hermano mío”.
 

Podría hablar de otros muchos relatos, más que notables la mayoría de ellos, pero valga esta muestra de lo que el lector encontrará en la edición de RBA, a la que por único pero habría que ponerle el que no haya consignado la fecha en que fueron escritos los relatos. En casi todos ellos late la vida en sus múltiples disfraces: un accidente aéreo del que se sale indemne, milagro al que no concede ninguna importancia la familia; disputas absurdas, como la mantiene por una cómoda, parte de una herencia familiar; el regreso a Norteamérica de un exiliado, los textos que éste encuentra en cualquier parte; relaciones inventadas, fingidas, como analgésicos de la realidad. Asesinatos. Diamantes que lavar y tender como si fuese ropa. En definitiva, un zoológico por el que pasear con tiempo, sin prisa, con calma, degustando la contemplación de todas las especies que habitan este libro. 

Una publicación imprescindible para todo el que guste del mejor relato contemporáneo. 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Recomendación del mes de noviembre


Título: El último viaje de Sorolla
Autor: Antonio Castro-Guerrero
Año: 2013
Páginas: 196
Editorial: Institución Cultural El Brocense, Diputación de Cáceres

Contraportada: Ayamonte, mayo de 1919. Después de llevar años viajando y pintando por España, un Joaquín Sorolla agotado y enfermo llega a la localidad onubense con la firme determinación de realizar su obra más genial: Ayamonte, la pesca del atún. Así podrña poner fin al compromiso, adquirido con el mecenas neoyorquino Archer Huntington para la Hispanic Society de New York, de plasmar su Visión de España en catorce lienzos de gran tamaño.



"Después de llevar décadas pintando al aire libre, he llegado al 
convencimiento de que al paisaje le sucede como a los recuerdos:
en la mayoria de ocasiones es mejor observarlos con cierto distanciamiento ,
reflexiona J.Sorolla el 20 de mayo de 1919.  


Ya lo dijo Ángela Vallvey para hablar de esta novela, ganadora del Premio Cáceres de Novela Corta 2013: ha sido elegida por "la construcción que realiza el autor" por tratarse de una novela "impresionista que se escribe como si se tratase de una pintura" con un "relato sencillo y agradable". Cierto que la construcción de Castro-Guerrero es más que notable: bascula entre escenas escritas en tercera persona y otras en primera, las que narra el propio Sorolla; todo ello con objeto de conferirle una mayor humanidad al personaje. 

Respecto de que la novela sea impresionista no cabe objección alguna: el autor ha trabajado las palabras para que el lector sienta el castigo del sol, el zumbido de las moscas, huela el hedor del despiece de los atunes; para que sienta cómo sopla con fuerza el viento, o disfrute con los olores que desprende el almuerzo, ya sea servido en un barco de la Armada o en la casa de huéspedes donde se aloja el pintor; para que le deslumbre el espejeo del Guadalquivir, o advierta en la distancia la hermana tierra portuguesa. Admirable construcción e impresionismo literario por tanto.

Pero El último viaje de Sorolla es mucho más que un relato sencillo y agradable. Sin duda. Es sencillo, sí, y agradable porque en el estilo de Castro-Guerrero no hay brusquedad, pues todo discurre con la naturalidad de lo que parece que no puede ser de otra manera. Sí. Pero llega mucho más lejos su alcance: es una novela que habla del paso del tiempo, de la vejez, de la enfermedad. Y de paso, de las pasiones más enérgicas (la de la pareja joven) y de las sosegadas (la de Sorolla y Clotilde). De la inmigración. De las clases sociales, de la escasez de cultura, de amistades y venganzas. De maltratos y lealtades. En sus apenas doscientas páginas cabe un caleidoscopio de emociones.

"El tiempo pasa volando y los años se suceden a una velocidad
vertiginosa en cuanto toman la cuesta abajo de la madurez". 

Las dos historias, la de Sorolla y el célebre lienzo y la de María y Cristóbal, convergen o pivotan en torno a Don Quijote. En las comparaciones que hace de contínuo el pintor en referencia a su esposa o en lo quijotesco del encargo recibido por mister Huntington, y en los comentarios que realiza María, la empleada de la conservera, en torno a su lectura. Destacar asímismo las distintas referencias a películas mudas, ya sean de Charles Chaplin o de Cecil B. DeMille, en unas escenas (las del cine) que permiten al autor engradecer las figuras de María y Sorolla.

He de reconocer que, durante su relectura, sufrí varios golpes de emoción, no tanto porque al autor busque la lágrima fácil, que no es ese su objetivo; sino precisamente por todo lo contrario, por su capacidad de contención. Y es que el final (no digo nada más) es sencillamente antológico en su aparente sencillez.

Ayamonte, la pesca del atún
Para finalizar, no cabe mayor elogio que decir que, tras la lectura de El último viaje de Sorolla, nunca más veré de igual manera el lienzo Ayamonte, la pesca del atún. Siempre me acordaré del enfermo y agotado Sorolla y de la historia que se esconde en su composición: la historia de Cristóbal y de María. He dicho.