Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO", "EL MANANTIAL" y "HOLMES Y EL CASO DE LOS OCHO ESTÓMAGOS", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

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sábado, 29 de agosto de 2020

NAIALMA, nuevo disco de Alberto Vilas


Naialma delante de la Alcazaba de Málaga
 
NAIALMA es un juego de palabras muy propio del compositor, natural de Redondela, Alberto Vilas. Mitad madre y mitad alma, o alma-madre todo en uno, o madre en el alma, o cuantas combinaciones queramos probar, porque todas resuenan en este disco que hoy os presentamos en "El perro de Amadeus". 
 
Proyecto largamente gestado (me consta), meditado, sopesado (por lo menos desde su anterior publicación, "Ubuntu"), este "Naialma" es un disco y a la vez un libro, dos en uno. Cada detalle de la presente edición destila mimo y clase: los textos de Santi Barciela, las fotos de Munco Cal, el diseño de Pancho Salmerón, los pájaros pintados por Fernando Morales o la misma grabación, que suena especialmente cercana, casi cariñosa, como si el piano sonase en nuestro salón para cada uno de nosotros. Todo unido para brindarnos la sinceridad y la verdad de un autor que, a sus cincuenta años, ha alcanzado la madurez musical y que se recrea en cada nota, en cada acorde, en cada melodía, sin el más mínimo alarde técnico, pero con los colores infinitos y el caleidoscópico juego de luces que es capaz de reproducir con el teclado.

El disco empieza con una pieza titulada “Daría un mundo” que el compositor dedicada a su padre, Manuel Vilas, y que se nutre de esa añoranza de lo imposible, de lo que no puede ser ya de otra manera porque el tiempo es un camino unidireccional, por mucho que la mano izquierda, después de decir de inicio el tema, escale un camino de notas ascendente y busque el cielo con una música que tiene algo de aria belcantista.

El piano en “Ángel” no habla de un ser celestial ni benevolente, sino de la dedicación casi monacal del pintor Ángel Barros a su labor de restaurador de grandes clásicos: la música apenas roza sombra alguna, todo lo más algún acorde anómalo, una grieta en este óleo sonoro que retrata a un hombre eminentemente bueno y honesto con los demás y consigo mismo.

“Arte de voar”, la tercera pieza, es un alboroto de notas volátiles que parece que planeasen sobre el oyente, la bulliciosa feligresía de las gaviotas redondelanas que, a primera hora de la mañana, rezasen el Angelus. Pero es un alboroto ordenado y armonioso.

Todos recordamos a Aylan, es más, todos fuimos (aunque sólo fuese por unos segundos) padres de aquel niño que apareció dormido sobre el mausoleo arenoso de una playa turca. Tenía tres años y todo el futuro por delante. Ahora nos tiene a nosotros, tristes supervivientes del presente, rememorando aquel drama mediante la música. Esta sencilla “Nana para Aylan” desprende una luz casi maternal, tiene el aroma del pecho sobre el que nunca más pudo descansar. Hasta en siete ocasiones, Vilas rompe el decurso de la nana con tres intervalos disonantes de novena menor, siete astillas de realidad, tras los cuales la pieza se abisma en siete silencios tan hondos como nuestra perplejidad, y de los que parece imposible escapar. La melodía se sobrepone una y otra vez hasta que ya no puede más y tras el séptimo trío de disonancias nos quema el silencio definitivo.
 
La quinta pieza del disco se llama “Tema de Nora”. De manera sucinta, los avatares que preludiaron la composición de este tema quedan expuestos y explicados en el libro que acompaña y da cobijo al cedé de “Naialma”; no añadiré más, salvo el hecho de que está dedicada a nuestra hija Nora Castro Molina. En esta pieza el compositor ha atrapado parte de la esencia de una niña que es música y aire y luz, como lo es en sí mismo el tema, que canta a media voz la infancia posible que, por desgracia, le fue negada a Aylan. Tal vez por ello, al drama callado de la nana le siga el canto susurrado de esta melodía, una de las más hermosas de todo el cedé.   

Tema de Nora

Existe una versión primeriza de "Aveiro" que puso música al documental “Semitonos” realizado por Pancho Salmerón y dedicado a la vida y obra del pintor Fernando Morales. Aquí, en este renovado “Aveiro”, ciudad portuguesa famosa por sus canales, encontramos una alegría contenida, casi esbozada o silbada por los dedos del pianista y que se reafirma con su volátil conclusión, cuatro arpegios ascendentes. 

La melodía va y viene en "No reverso do universo", hasta de pronto se interrumpe para que la mano izquierda cante casi un trino casi de pájaros al cielo, varias veces. Entonces la melodía se asienta y sigue su curso, tranquilo, manso. Me gusta pensar que suena con la delicadeza de una noche estrellada después de una tarde lluviosa de otoño. 

A veces la naturaleza nos depara extrañas casualidades. O no, y todo obedece a un plan que se nos escapa de puro grandioso. Sea como fuere, lo cierto es que por Redondela apareció hace tiempo un ibis, pájaro objeto de veneración en el antiguo Egipto, y con su presencia señaló el camino a Alberto Vilas: esta pieza, "Ibis", que empieza de manera dubitativa, como si se hubiese perdido en las fangosas lindes de A Portela, las notas parecen desorientadas hasta que la mano izquierda impone su pulso y la derecha abre las alas y levanta el vuelo, bien en busca de comida o del próximo vuelo que lo habrá de llevar lejos de Galicia.     

Y qué decir de "Valsa de esperança". Es un vals que se mece entre la elegancia y la añoranza, característica común por otra parte a todo el disco que comentamos. Un vals para escucharlo a oscuras o bailarlo a plena luz, bajo una tormenta de hoja de árboles. Pero siempre atento a la exquisitez de esas notas aguadas y a sus arpegios finales. 

"O dereito de ser" es una música que se reafirma casi a cada compás, y lo hace de manera tan constante que de inmediato aquélla se fija en la memoria. Es entonces, cuando estamos a gusto en su ribera, cuando en determinados momentos la mano izquierda cabrillea de pura risa. De algún modo (juego a imaginar) todavía sentimos el eco de la Aylan, y el piano, con este dereito, borra el rastro de la dolorosa nana, o suaviza su recuerdo. Es tan vitalista esta pieza como demoledora es la otra en su parca sencillez. 

Alberto Vilas al piano

La mano izquierda en "Inventario do inútil" enumera mientras la mano derecha subraya. De pronto la mano izquierda pierde el hilo y se cansa y se explaya en una melodía que trasciende lo inútil y busca refugio en un lirismo íntimo, o se vuelve loca y amontona notas en este inventario que la mano derecha se encarga de reorganizar. 

El cedé acaba con "Me diste un mundo", casi una sucesión de acordes del color de un atardecer, una casi despedida que nos suelta la mano y, al mismo tiempo, nos llama de nuevo a su senda. Como un camino que, tras un rodeo, regresase al inicio.  

En este enlace podéis adquirir el disco:  

https://albertovilasquintet.wixsite.com/albertovilas/shop

En defintiva, "Naialma" es un disco realmente hermoso, volátil, donde tanto los paisajes de Redondela y como los interiores del propio compositor están presentes. Etiquetarlo afirmando que es clásico o jazzístico sería empequeñecer parte de su grandeza. Su sonido, íntimo, casi a media voz, es en esencia bello. Casi familiar. Para Alberto Vilas no hay otro camino: rozar el epicentro del alma de su música con la belleza de una manera propia de decir cada nota. La suya. Irrepetible.

jueves, 16 de agosto de 2018

Tú



TÚ

A Alberto Vilas

Enladrillada de nubes, cobijas ese último jirón 
de noche que se resiste a morir de ti. 
Mientras tanto, en la espalda del cielo inyectas un 
resplandor antes de que te asomes a esta parte del mundo.
Amaneces cansada, como si tuvieras que
fichar la entrada en la oficina y tu horizonte, 
hoy, no fuese más que ese espigón horario que
señala la hora de irse camino de casa.

Arrullas la somnolencia del agua allá abajo, 
al borde mismo de la ciudad. En silencio solfeas, 
no vaya a ser que el zureo de olas y y gaviotas 
le despierten definitivamente.
Te sabes madre, actúas como abuela.

Ese pecio de ahí no es otra cosa que un humano, 
apenas un cuerpo bañado venturosamente de soledad, 
que vuela, a horcajadas de la imaginación, a ras de agua
con el impulso de esa melodía de piano que lleva
el nombre de su hija y refulge en su cabeza. 

Enladrillada de emociones, cobijas ese último jirón 
de humano que se empeña en morir de ti.


martes, 12 de diciembre de 2017

Experianza, de Alberto Vilas


Cuando un artista cree firmemente en lo que hace, el mensaje llega con nitidez al público. Ya sea un lienzo, una novela o un disco. El pianista y compositor Alberto Vilas, que ya ha visitado esta Casa Deshabitada con su Ubuntu (abajo el enlace a la reseña de este blog) y Crónica cromática (ídem), dejó sentadas las bases de su estilo en este su primer cedé, EXPERIANZA, y desde entonces cree ciegamente en la fuerza poética de la melodía. El jazz, universo musical donde todo es posible, tiene en el gallego a un músico de inagotables ideas, poco dado a las extravagancias, y que confiere a todas sus obras un sonido muy característico. Al oír el disco uno puede rastrear la sombra de otros grandes pianistas compositores, incluso el sabor de los clásicos.

El Habitante Incierto posa con el cedé
El saxo de Rosolino Marinelo enuncia el tema de Experianza, punteado luego por la guitarra de Felipe Villar . El piano de Alberto Vilas aparece compases después para decir la misma música, en primer término, y después llevarla por el camino de la divagación, sendero que transitarán en breve el saxo y la guitarra. Cuando parece que la pieza ha llegado al final, el piano señala a media voz un otro camino con una nueva melodía para acabar la pieza con una luz muy diferente a la del inicio.

Al principio de Océana el saxo navega sobre el oleaje de la rítmica, en manos de Javier Barral y Juansy Santomé, hasta que se agota. Aguarda la aparición del piano, que de inmediato practica el cabotaje del silencio, praxis en la que el compositor se muestra un maestro: escancia las notas casi una a una para que el resto de instrumentistas hallen el motivo musical exacto con que seguir adelante. La guitarra caza notas al vuelo antes de que el oleaje del inicio vuelva a zarandear la pieza.

Alberto Vilas en Gorm, pieza dedicada a Manu, ataca las primeras notas e impone el ritmo a los demás músicos. El saxo, al cabo de los compases, desobedece del mandato del grupo y se ejercita en el monólogo. Pero todo vuelve a su cauce primigenio en los compases finales.

Música a media voz la de este Interludio, que aparece en cuarto lugar del cedé, consagrado a la guitarra, que escancia apenas unos susurros. Esta pieza se titula igual que el octavo corte del disco, del que se diferencia en casi todo.

Juntos el saxo y la guitarra recitan la bella melodía de Barco volador con la aquiescencia del piano. En esta travesía todo tiene su sitio de la manera más natural. Compases después la guitarra, en primer lugar, el saxo, en segundo, zarpan en busca de su propia esencia. Si en los solos se halla parte del alma del jazz, Villar y Rosolino dejan aquí parte de la suya.  

Pieza de pujanza la de este Gurú, que Vilas se encarga de avivar con su insistencia. Tiene lugar, cuando todo parecía aparentemente en su sitio, un instante maravilloso en que el saxo desvaría notas, se desgañita, sobre el parloteo casi canoro del piano y el repiqueteo de la batería. El guitarrista halla un pequeño hueco donde impartir su magia antes de que el piano recuerde la pujanza inicial y todo se precipite.

La guitarra protagoniza el inicio de Nexos. Sueña notas, armonías lo suficientemente sugerentes como para que el compositor las siembre sobre su piano. La cosecha es instantánea, una balada que soñar con los oídos abiertos. Apenas hay que cerrar los ojos para que te atraviese la belleza.

Esta pieza, Interludio, comparte título con el cuarto corte del disco, del que se diferencia en casi todo. Por extensión y ambición, y por protagonistas. Si en el primer interludio sólo cantaba la guitarra, en este segundo participa todo el grupo. Es verdad que no sólo comparten nombres, sino los acordes y la melodía. Como si el primer Interludio fuese un anuncio del segundo, o éste un eco de aquél.

A juzgar por el arranque, por las sugerencias dichas desde el piano, 960 lúas se antoja una pieza donde primará la rítmica. Ocasionales frases del saxo, la guitarra y el contrabajo desbaratan la idea inicial. La música casi se acuclilla, busca refugio en los susurros. Y cuando parece que todo acabará así, a media oscuridad, surge de nuevo la luz de la rítmica. Y los instrumentos se encienden y la música levanta el vuelo. 

En Nestre intre, música dedicada a Iago, el piano dice mientras que el saxo y la guitarra responden. El piano contradice, luego el saxo añade excusas a la respuesta de antes. Como un niño que se cansa pronto de sus juguetes, la pieza se agota y deja en paz y solo al silencio. 

Tras la enunciación de la melodía principal, Desterrados deja espacio al piano para que, sacudido por la batería, desarrolle su solo. Con la fraternidad de la guitarra, el saxo contradice al teclado. No hay luchas en estos compases, acaso la constatación de que el grupo es más grupo unido que disgregado, que la música es más música si se comparte con otros.

Tal y como sucediera con sus cedés posteriores, los citados Ubuntu y Crónica cromática, este EXPERIANZA acaba con una pieza para piano solo, Naquela estrela, tan breve que apenas da tiempo a decir su nombre. Es la rúbrica callada de Alberto Vilas a su primer disco, y el inicio de una singularidad. Muchos de los seguidores del músico anhelamos que, vencidos los contratiempos, sea capaz de alumbrar un disco en que las ochenta y ocho teclas de su instrumento canten en solitario.

Para conseguir EXPERIANZA, pincha en el enlace:  
http://albertovilasquintet.wixsite.com/albertovilas/shop
 
En resumidas cuentas, el disco se degusta de un tirón. Además de la belleza de la música, EXPERIANZA cuenta con un excelente grupo de músicos, a saber: Alberto Vilas al piano, Rosolino Marinelo al saxo, Felipe Villar a la guitarra, Javier Barral a la batería y Juansy Santomé al contrabajo. Si te gusta el jazz sin etiquetas, a mitad de camino entre lo clásico y lo inciertamente contemporáneo, prueba con este disco. Te llevarás un hermosa sorpresa.

Para leer la reseña de Ubuntu, pincha en el enlace: 
https://guerradoblemuerte.blogspot.com.es/2016/05/ubuntu-de-alberto-vilas.html 

Para leer la reseña de Crónica cromática, pincha en el enlace: https://guerradoblemuerte.blogspot.com.es/2017/01/cronica-cromatica-de-alberto-vilas.html

Para finalizar, os dejo un youtube donde el quinteto interprera la pieza que da nombre al disco.



jueves, 5 de enero de 2017

Crónica cromática, de Alberto Vilas



Extractemos algo de lo escrito por el Habitante Incierto a cuenta de UBUNTU (2016), el último disco de Alberto Vilas: "A veces el arte convoca al arte, en una suerte de lance que tiene mucho de casualidad. Igual que una llamada telefónica que no esperas o un encuentro casual al doblar la esquina. Así ha sucedido en esta ocasión. Os cuento: no hace mucho contactó conmigo Alberto Vilas; ¿la razón?, hablarme de la impresión que le había causado la lectura de "Glenn" (...). Parecía cosa del destino, del azar que un pianista disfrutase con una novela escrita en torno a la figura de otro pianista. Como no soy escritor que se regodee en elogios, preferí que fuésemos, poco a poco, hablando de sus proyectos. Fue de este modo como conocí "Ubuntu", el nuevo disco de Alberto Vilas, editado hace apenas dos meses." 

Ahora ha llegado el turno de CRÓNICA CROMÁTICA (2014), cedé que da cobijo a once composiciones de Alberto Vilas. La impresión es la misma que la obtenida con el disco que le sucederá en el catálogo del músico afincado en Redondela. Aquí, como en "Ubuntu", todo suena con la naturalidad del paisaje gallego: no hay la más mínima nota discordante, tampoco sobreviene ningún afán circense. Es un poemario sin alardes huecos, un lienzo equilibrado, una marina bajo un sol de entretiempo.  

El Habitante Incierto posa con el cedé
Antes de nada, nombremos a los músicos que intervienen en la grabación: Rosolino Marinello sopla el saxo alto y el soprano. Felipe Villar tañe la guitarra. Juansy Santomé, al contrabajo, y Javier Barral, a la batería, llevan la rítmica del grupo. Y Alberto Vilas toca el piano y es responsable de la totalidad de las composiciones.

En SOÑOS DE TARTARUGA, dedicada al Solitario Jorge, el oleaje de la música atiende al binomio señalado por la bajamar y la pleamar de la melodía, o de la soledad del último ejemplar conocido de Chelonoidis abingdonii, tortuga gigante de las Islas Galápagos. Para corregir el titubeo inicial del piano de INSTANTE DISTANTE, el contrabajo interviene y lo espolea, tanto que compases después consigue que aquél se decida a cantar el tema, que comparte con el saxo y la guitarra. La guitarra de Felipe Villar retoma en COMO PEIXE NA AGUA las frases que Alberto le dicta desde el piano y que terminará por desatar sus dedos. La delicadeza de matices de DA MAN DO VENTO, una hermosura de pieza, no hacen más que confirmar la honda poesía del compositor y la calidad de los músicos reunidos en esta sesión. Balada con todo el sabor al mejor jazz, tal vez sea mi pieza favorita del disco, sin olvidar a "Alma en calma". En ALBATROS el que vuela es el piano, tras piar una serie de notas repetidas, y lo hace guiando al saxo y a la guitarra por encima del oleaje sostenido por la sección de la rítmica. En ENTRE VÍAS no aparecen ni el saxo ni la guitarra, quedando todo el protagonismo en manos de Alberto Vilas, que no pierde la ocasión de zigzaguear, de bailar, de revolverse, siempre bajo el empuje de Juansy Santomé y Javier Barral. En compensación, la balada ONÍRICA abrillanta el bello sonido de Villar, que toca su instrumento con el aliento propio de una pieza de estas características. Algo similar sucede en VAI PASAR, si no fuese porque la guitarra aquí se muestra menos comedida. Como ya sucediera en "Entre vías", RONSEL está compuesto para trío con piano: atención a los arpegios del piano. La pista número diez es la pieza más vitamínica, ya desde su inicio; seguramente por ello presta su nombre al cedé, CRÓNICA CROMÁTICA; aquí hasta el contrabajo tiene su sitio para brillar con luz propia. Tal y como ya sucediera en "Ubuntu", Alberto Vilas reserva el último corte del disco para una pieza a piano solo en la que se antoja no una casualidad, sino una marca de la casa: en esta ocasión se trata de ALMA EN CALMA. Valgan las palabras que dediqué a aquella "A arte de seguir en pé" para la que ahora nos ocupa: "pieza de orfebrería para piano solo, verdadera afirmación de su arte".

Foto tomada de la web de Alberto Vilas

Es de justicia señalar el especial cuidado que se ha puesto en la edicion del disco, tal y como se observa en la foto de arriba. En resumen, un cedé que se escucha de una tacada, gracias a la bonhomía de la música, a la aparente sencillez con que está compuesta. Quien persevere en su audición irá descrubiendo todos los matices y detalles, sonoridades y colores, que esconde. Los cinco músicos interpretan con delicadeza y justeza cada uno de los once temas. Mi recomendación más sincera para quienes busquen buena música.

A través de este enlace de la web del propio Alberto Vilas, podréis comprar el cd:
http://albertovilasquintet.wix.com/albertovilas#!shop/c20pz 
 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Semitonos, la pintura de Fernando Morales


Título: SEMITONOS
Imagen: Pancho Salmerón
Guión: Santiago Barciela y Pancho Salmerón
Música: Alberto Vilas


"Fernando Morales es un pintor sin conesiones a corrientes y tenciencias, alejado de la cultura ruidosa, difícil de encontrar en las redes sociales", así reza la voz del narrador en off al inicio del documental.


El Habitante Incierto posa con el dvd de Semitonos

El prólogo que da inicio a "Semitonos" no es más que un laberinto de imágenes y datos, un mapa hecho de retazos, la taxidermia de una vida que es mucho más que todo esto, más grande que un laberinto o que un mapa. El pórtico. La necesidad de listar todos y cada uno de los logros artísticos y vitales del biografiado. Casi un acróstico de lo todo lo vivido. Las distintas veredas que terminan por confluir en ese instante en que se ve al artista paseando por Aveiro (Portugal) en busca de un lugar de inspiración. Ha terminado el prólogo, empieza la verdadera obra:


SEMITONOS, LA PINTURA DE FERNANDO MORALES


Es el momento perfecto para oir hablar al maestro. Y con la misma parsimonia con que observamos cómo Fernando Morales prepara el lienzo y los colores y la composición, el documental se serena, se relaja y deja paso a la verdadera voz, la suya, que reflexiona acerca de algunos de esos caminos que, previamente, el narrador en off ha trazado con actitud de cartógrafo. 

Según reza la RAE, la Real Academia Española, semitono es "cada una de las dos partes desiguales en que se divide el intervalo de un tono". Entiendo que aquí el tono, según Pancho Salmerón, no es otra cosa que el conjunto de la obra de Morales, y por lo tanto los semitonos del título son cada una de las etapas pictóricas que el artista ha ido quemando o desconchando en pos de su propia evolución. Semitonos los años de aprendizaje tras la lectura de "Funciones de la pintura" de Leger. Semitonos los volúmenes y las formas distornsionadas gracias a la tiras de texa. Semitonos las obras realizadas en torno al proyecto de Máscara 17. Semitonos el realismo casi abstracto de los últimos paisajes ("trabajo por centímetro cuadrado en cuanto a observación se refiere", dice el pintor).


Uno de los muchos lienzos que se ven en el documental

Quien se declare lector de poesía, no puede más que merecer nuestro respeto. Pero quien reconoce que ama la obra de Fernando Pessoa, y se alimenta de ella, no puede más que merecer nuestra admiración. Y es que a veces ciertos artistas (los más pagados de sí mismos) niegan la influencia del arte, o todo el arte que no lleva justamente su nombre y sus apellidos. Así, pues, da gusto sentir cómo Morales confiere la justa importancia a todas aquellas influencias, de distinta índole, que han ido enriqueciendo su catálogo de variadas tonalidades.

"El tiempo no es el tiempo, tal como lo conocemos", dice en referencia al grado de atención plena que dedica a cada una de sus últimas obras. Justo antes, Morales ha confesado que es un pintor emocional, un pintor nada analítico. Que pinta, a veces, con el corazón, otras con las entrañas o con las uñas. Y que el arte para él es un camino, una manera de encontrarse y de ser, de desdramatizar todo lo que le ha ocurrido, le ocurre y le ocurrirá ("celebro la vida cuando estoy pintando", afirma).

"La composición es un elemento muy importante dentro de un cuadro", dice, "pero creo que la base de todo es aquello que tú buscas de una forma desesperada, y que no sabes cómo hallarla. Vas dando palos de ciego hasta que un buen día te das cuenta que el problema no está en lo que busca, sino en el propio buscador. Es un hallazgo. Para mí ha supuesto un cambio radical en todo mi pensamiento y en mi enfoque sobre la pintura." Éste es uno de los instantes claves del documental: escuchar de boca del propio Fernando que no ha hecho en su vida más que equivocar la búsqueda. La confesión de quien ha vivido mucho y pintado mucho más.

"Yo no sé si soy antiguo, o si soy moderno", afirma en otro pasaje del documental, y la verdad es que parece no importarle lo más mínimo. A él le complacen el silencio, el trabajo, encerrarse en el taller (al que en determinado momento denomina "templo"), lo que no quiere decir que sea antisocial o rehúya a la gente.

Instalado en plena madurez vital y artística, lo que ansía es "entender que yo formo parte de toda esta familia. Creo que las ideologías y el pensamiento ya no son una herramienta adecuada para encontrar esa unidad. Si te digo que es el amor, cualquier persona que me escuche, y si es de izquierdas aún más, tomará su distancia con respecto a ese término. Pero ¿qué problema tiene el amor? ¿Es noño, es romántico? No. El amor del que hablo es comprender que si nos quitamos los apellidos, y dejamos de percibirnos como un cuerpo, al final todos somos una unidad. Todo es lo mismo."

Semejante confesión da paso al final de "Semitonos", donde tropezamos con el otro momento decisivo del documental. La manera en que rompen las lágrimas, que el pintor trata de evitar, y en la que habla de cierta persona clave en su vida. Es la firma, la rúbrica perfecta. Dejaremos que sean los espectadores quienes descubran por sí mismos la verdad. Y entender, luego, a la luz de semejante revelación, el resto de reflexiones que ha ido desgranando Fernando Morales frente a la cámara.


Por último, señalar la presencia de la música para piano, fresca y colorista, compuesta para la ocasión por Alberto Vilas, pianista de jazz y autor de varios trabajos notables (pienso en "Ubuntu", ya reseñado en este mismo blog). Otro color más que añadir al gran fresco que Pancho Salmerón y Santiago Barciela han preparado en torno a la pintura de Fernando Morales. 

"Semitonos", un documental necesario, humano, verdadero. 

domingo, 30 de octubre de 2016

El viento, las letras y los acordes

Os dejo otro momento, extractado, del diario que estoy escribiendo y que espero ver publicado en un futuro. Ojalá sea del agrado de alguno de vosotros. Gracias anticipadas por la lectura.





Al día de hoy le han injertado una hora a las tres de la madrugada. Con premeditación y alevosía. Sesenta minutos añadidos que van a descabalgar las rutinas y a provocar el tropiezo de nuestros planes. Alborea el 30 de octubre, último domingo del mes, frontera entre el antiguo horario de verano y el renacido de invierno.  
Despierto demasiado pronto, tanto que es inconfesable. Como no hay mal que por bien no venga, aprovecho para trabajar alguna de las directrices y dobles y triples capas de lectura que llevará sembradas la nueva novela. (...)
En un receso del trabajo, que potencio escuchando el disco de Alberto Vilas “Crónica cromática”, sucede el milagro. Para desintoxicarme de mi propio estilo literario, estoy releyendo el inicio de “El arpa de hierba” de Truman Capote. Y es justo cuando Dolly Talbo dice aquello de “Es el arpa de hierba, que siempre nos cuenta algo nuevo… Lo sabe todo de la gente de la colina, de los que vivieron antes aquí. Y cuando nosotros estemos muertos, también contará nuestra historia”, la música de Vilas sueña una melodía que iguala en lirismo a la novela. La pieza se llama “Da man do vento”.
El viento sacudiendo las letras y los acordes. El viento como chamán del instante más mágico de este día de veinticinco horas y cojitrancas rutinas.

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Para comprar el disco de Alberto Vilas, aquí tenéis el siguiente enlace: http://albertovilasquintet.wixsite.com/albertovilas/shop 

lunes, 4 de abril de 2016

UBUNTU, de Alberto Vilas



A veces el arte convoca al arte, en una suerte de lance que tiene mucho de casualidad. Igual que una llamada telefónica que no esperas o un encuentro casual al doblar la esquina. Así ha sucedido en esta ocasión. Os cuento: no hace mucho contactó conmigo Alberto Vilas; ¿la razón?, hablarme de la impresión que le había causado la lectura de "Glenn", la novela con que gané el Premio Jaén (sí, ésa que glosa las aventuras y desventuras de Glenn Gould). Dedicó a la obra parabienes y comentarios muy positivos, parabienes y comentarios que tomé en su verdadera valía: además de lector, Alberto es músico profesional, y por añadidura, pianista. Parecía cosa del destino, del azar que un pianista disfrutase con una novela escrita en torno a la figura de otro pianista. Como no soy escritor que se regodee en elogios, preferí que fuésemos, poco a poco, hablando de sus proyectos. Fue de este modo como conocí UBUNTU, el nuevo disco de Alberto Vilas, editado hace apenas dos meses.




Nominado a los III Premios Martín Códax, UBUNTU es un cd que destila clase, no ya en la presentación y sonido (que son estupendos, por cierto), sino en las composiciones. En él todo tiene su justa medida: no hay demostraciones circenses ni un lenguaje demasiado escueto. Su primera audición me produjo una sensación rara, y a la vez reconfortante, como si ya me fuese conocido antes de escucharlo. O como si me esperase. En los nueve temas que componen el disco, Alberto Vilas se revela como un compositor de lo más inspirado, con una extraordinaria facilidad para la melodía, así como un pianista de hermoso sonido, líder de un grupo conjuntado que sabe decir justo lo que quiere decir y de la manera en que quiere decirlo. Así que es de justicia nombrarlos a todos: Diana Tarín, voz (y letrista de "Espuma de mar"); Rosolino Manrinello, saxo; Juansy Santomé, contrabajo; Javier Barral, batería; y Alberto Vilas, piano.


El Habitante Incierto posa con "Ubuntu"


Según explica el propio Vilas, Ubuntu es una regla ética sudafricana proveniente de las tribus zulú y xhosa, basado en la lealtad hacia las personas y las relaciones entre ellas. Es un concepto muy hermoso, antiindividualista, algo de lo que andamos muy escasos en nuestro tiempo y nuestra sociedad: 'Yo soy porque nosotros somos'.

Nueve temas los que componen el disco y que dibujan un sonido cálido y sensual, una conversación que no necesita levantar la voz para revelar ese atisbo de belleza, ese oasis de buena música, que buscamos, anhelamos, necesitamos quienes nos hacemos fuego y agua, luz y verso, ante una buena composición. Serenidad, belleza, música callada. La confirmación de que Vilas es un gran compositor y de que el trabajo bien hecho, con mimo de orfebre, da sus frutos.


En TÁNDEM, el tema con que se abre el disco, el ostinato inicial del piano parece espolear al resto del grupo (es la pieza más energética de un cd que más que a afirmación suena a confesión). El saxo inicia UBUNTU con una melodía de serena y grácil belleza que fluye con extraordinaria falicidad. El registro agudo del piano eleva la música durante los primeros compases de ETÉREA, haciendo honor a su título, para luego dejar paso a una secuencia de acordes repetidos. A tempo medio, VÓRTICE se me antoja uno de los temas más hermosos de todo el disco. El piano y la batería avanzan con cierta precaución, se tambalean, hacen equilibrios sobre la senda de la música trazada sobre EQUILIBRISTAS. El saxo y el piano se ceden uno a otro el protagonismo en OCRE. En voz baja, casi como en un susurro, el piano abre el tema LEATHERHEAD, para a continuación exponer, sin el auxilio del saxo, una melodía de grandes intervalos y fragmentada, otro de los grandes momentos del cd. La voz sensual y la letra de Diana Tarín dominan ESPUMA DE MAR que parece una invitación al éxtasis, al erotismo. Como colofón, Vilas nos regala A ARTE DE SEGUIR EN PÉ, una pieza de orfebrería para piano solo, verdadera afirmación de su arte. 


En estos tiempos donde predominan los productos de consumo rápido, combustibles en su mediocridad, hay que subrayar la excelente presentación del disco. Aquí el continente se halla a la altura del contenido, ya lo creo: el tacto de los libretillos y el cuidado del diseño son comparable a la excelencia de la música y a la calidad de la toma de sonido. Grabado el 25 y 26 de agosto en el Auditorio de Galicia (concretamente en la sala Ángel Brage), UBUNTU suena de maravilla gracias al trabajo de Pablo Barreriro como Ingeniero de la grabación.

En definitiva, una sorpresa de lo más gratificante. Un pequeño tesoro de casi sesenta minutos que recomiendo a todos aquellos que gusten de la buena música y en especial del mejor jazz. No les decepcionará. 

A través de este enlace de la web del propio Alberto Vilas, podréis comprar el cd: 
http://albertovilasquintet.wix.com/albertovilas#!shop/c20pz