Blog personal de Alejandro Castroguer

En este blog podrás estar al tanto de las noticias que generen las novelas "GLENN" (Premio Jaén de Novela 2015), "LA GUERRA DE LA DOBLE MUERTE", "EL ÚLTIMO REFUGIO", "EL MANANTIAL" y "HOLMES Y EL CASO DE LOS OCHO ESTÓMAGOS", y las antologías "Vintage'62: Marilyn y otros monstruos" y "Vintage'63: J.F.K. y otros monstruos" entre otras. Además, es lugar de encuentro para amantes del cine, la literatura, la buena música y las aventuras del Rey Mono.

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sábado, 29 de agosto de 2020

NAIALMA, nuevo disco de Alberto Vilas


Naialma delante de la Alcazaba de Málaga
 
NAIALMA es un juego de palabras muy propio del compositor, natural de Redondela, Alberto Vilas. Mitad madre y mitad alma, o alma-madre todo en uno, o madre en el alma, o cuantas combinaciones queramos probar, porque todas resuenan en este disco que hoy os presentamos en "El perro de Amadeus". 
 
Proyecto largamente gestado (me consta), meditado, sopesado (por lo menos desde su anterior publicación, "Ubuntu"), este "Naialma" es un disco y a la vez un libro, dos en uno. Cada detalle de la presente edición destila mimo y clase: los textos de Santi Barciela, las fotos de Munco Cal, el diseño de Pancho Salmerón, los pájaros pintados por Fernando Morales o la misma grabación, que suena especialmente cercana, casi cariñosa, como si el piano sonase en nuestro salón para cada uno de nosotros. Todo unido para brindarnos la sinceridad y la verdad de un autor que, a sus cincuenta años, ha alcanzado la madurez musical y que se recrea en cada nota, en cada acorde, en cada melodía, sin el más mínimo alarde técnico, pero con los colores infinitos y el caleidoscópico juego de luces que es capaz de reproducir con el teclado.

El disco empieza con una pieza titulada “Daría un mundo” que el compositor dedicada a su padre, Manuel Vilas, y que se nutre de esa añoranza de lo imposible, de lo que no puede ser ya de otra manera porque el tiempo es un camino unidireccional, por mucho que la mano izquierda, después de decir de inicio el tema, escale un camino de notas ascendente y busque el cielo con una música que tiene algo de aria belcantista.

El piano en “Ángel” no habla de un ser celestial ni benevolente, sino de la dedicación casi monacal del pintor Ángel Barros a su labor de restaurador de grandes clásicos: la música apenas roza sombra alguna, todo lo más algún acorde anómalo, una grieta en este óleo sonoro que retrata a un hombre eminentemente bueno y honesto con los demás y consigo mismo.

“Arte de voar”, la tercera pieza, es un alboroto de notas volátiles que parece que planeasen sobre el oyente, la bulliciosa feligresía de las gaviotas redondelanas que, a primera hora de la mañana, rezasen el Angelus. Pero es un alboroto ordenado y armonioso.

Todos recordamos a Aylan, es más, todos fuimos (aunque sólo fuese por unos segundos) padres de aquel niño que apareció dormido sobre el mausoleo arenoso de una playa turca. Tenía tres años y todo el futuro por delante. Ahora nos tiene a nosotros, tristes supervivientes del presente, rememorando aquel drama mediante la música. Esta sencilla “Nana para Aylan” desprende una luz casi maternal, tiene el aroma del pecho sobre el que nunca más pudo descansar. Hasta en siete ocasiones, Vilas rompe el decurso de la nana con tres intervalos disonantes de novena menor, siete astillas de realidad, tras los cuales la pieza se abisma en siete silencios tan hondos como nuestra perplejidad, y de los que parece imposible escapar. La melodía se sobrepone una y otra vez hasta que ya no puede más y tras el séptimo trío de disonancias nos quema el silencio definitivo.
 
La quinta pieza del disco se llama “Tema de Nora”. De manera sucinta, los avatares que preludiaron la composición de este tema quedan expuestos y explicados en el libro que acompaña y da cobijo al cedé de “Naialma”; no añadiré más, salvo el hecho de que está dedicada a nuestra hija Nora Castro Molina. En esta pieza el compositor ha atrapado parte de la esencia de una niña que es música y aire y luz, como lo es en sí mismo el tema, que canta a media voz la infancia posible que, por desgracia, le fue negada a Aylan. Tal vez por ello, al drama callado de la nana le siga el canto susurrado de esta melodía, una de las más hermosas de todo el cedé.   

Tema de Nora

Existe una versión primeriza de "Aveiro" que puso música al documental “Semitonos” realizado por Pancho Salmerón y dedicado a la vida y obra del pintor Fernando Morales. Aquí, en este renovado “Aveiro”, ciudad portuguesa famosa por sus canales, encontramos una alegría contenida, casi esbozada o silbada por los dedos del pianista y que se reafirma con su volátil conclusión, cuatro arpegios ascendentes. 

La melodía va y viene en "No reverso do universo", hasta de pronto se interrumpe para que la mano izquierda cante casi un trino casi de pájaros al cielo, varias veces. Entonces la melodía se asienta y sigue su curso, tranquilo, manso. Me gusta pensar que suena con la delicadeza de una noche estrellada después de una tarde lluviosa de otoño. 

A veces la naturaleza nos depara extrañas casualidades. O no, y todo obedece a un plan que se nos escapa de puro grandioso. Sea como fuere, lo cierto es que por Redondela apareció hace tiempo un ibis, pájaro objeto de veneración en el antiguo Egipto, y con su presencia señaló el camino a Alberto Vilas: esta pieza, "Ibis", que empieza de manera dubitativa, como si se hubiese perdido en las fangosas lindes de A Portela, las notas parecen desorientadas hasta que la mano izquierda impone su pulso y la derecha abre las alas y levanta el vuelo, bien en busca de comida o del próximo vuelo que lo habrá de llevar lejos de Galicia.     

Y qué decir de "Valsa de esperança". Es un vals que se mece entre la elegancia y la añoranza, característica común por otra parte a todo el disco que comentamos. Un vals para escucharlo a oscuras o bailarlo a plena luz, bajo una tormenta de hoja de árboles. Pero siempre atento a la exquisitez de esas notas aguadas y a sus arpegios finales. 

"O dereito de ser" es una música que se reafirma casi a cada compás, y lo hace de manera tan constante que de inmediato aquélla se fija en la memoria. Es entonces, cuando estamos a gusto en su ribera, cuando en determinados momentos la mano izquierda cabrillea de pura risa. De algún modo (juego a imaginar) todavía sentimos el eco de la Aylan, y el piano, con este dereito, borra el rastro de la dolorosa nana, o suaviza su recuerdo. Es tan vitalista esta pieza como demoledora es la otra en su parca sencillez. 

Alberto Vilas al piano

La mano izquierda en "Inventario do inútil" enumera mientras la mano derecha subraya. De pronto la mano izquierda pierde el hilo y se cansa y se explaya en una melodía que trasciende lo inútil y busca refugio en un lirismo íntimo, o se vuelve loca y amontona notas en este inventario que la mano derecha se encarga de reorganizar. 

El cedé acaba con "Me diste un mundo", casi una sucesión de acordes del color de un atardecer, una casi despedida que nos suelta la mano y, al mismo tiempo, nos llama de nuevo a su senda. Como un camino que, tras un rodeo, regresase al inicio.  

En este enlace podéis adquirir el disco:  

https://albertovilasquintet.wixsite.com/albertovilas/shop

En defintiva, "Naialma" es un disco realmente hermoso, volátil, donde tanto los paisajes de Redondela y como los interiores del propio compositor están presentes. Etiquetarlo afirmando que es clásico o jazzístico sería empequeñecer parte de su grandeza. Su sonido, íntimo, casi a media voz, es en esencia bello. Casi familiar. Para Alberto Vilas no hay otro camino: rozar el epicentro del alma de su música con la belleza de una manera propia de decir cada nota. La suya. Irrepetible.

domingo, 17 de marzo de 2019

Castillo






A muchos melómanos les sucede. A mí también me ocurrió. Durante años me estrellé contra la impenetrabilidad de la "MISSA SOLEMNIS" de Beethoven. No era por falta de experiencia ante grandes retos: ya por entonces me gustaban muchas de sus últimas obras, léase la Novena Sinfonía o las últimas sonatas para piano y los últimos cuartetos de cuerda. Y pese a ello, la "Solemnis" se erguía inexpugnable, igual que un castillo fortificado que se burlaba de mi condición de tímido enemigo.

Tras numerosas derrotas, muchas veces quedé abatido a sus puertas, deshecho, empequeñecido ante su gigantesca rebeldía, sumando humillaciones hasta que al fin conseguí encontrar el pasadizo exacto a través del cual acceder a su secreto. A partir de aquel momento, no ha dejado de emocionarme su granítica belleza, su volcánico empuje. El castillo se había derrumbado ante mis oídos y había dejado su lugar a una planicie donde todo tiene su sitio: el antaño enemigo, la sombra incierta de Beethoven, el sufrimiento físico de los músicos y cantantes que la interpretan, el universo entero en cada una de sus notas. Ahora me busco, me encuentro en su arquitectura, me sumerjo entre sus cimientos, y en esos minutos Soy Yo; antes enemigo, ahora orgulloso aliado de una música que no es de este mundo. 


Para finalizar, les dejo esta versión, arcana como muchos de sus misterios. 
Que ustesdes la disfruten. 




martes, 26 de febrero de 2019

Espejo en el espejo

Hoy dedicamos esta entrada a Arvo Pärt.

Empezamos con Espejo en el espejo.



Ahora algo de música vocal, Padrenuestro.



domingo, 18 de noviembre de 2018

La bachiana de la semana

Os dejo en esta mañana lluviosa de noviembre un aria tan doliente como hermosa, una de las tantas maravillas que esconde el corpus de las casi doscientas cantatas litúrgicas que compusiera Johann Sebastian Bach entre 1707 y 1742. Se trata de la numerada con el BWV 13 Meinen Seufzer, meine Tränen (en español, Mis suspiros y mis lágrimas), concretamente de su número 5, el aria Ächzen und erbärmlich Weinen (en español, Gemir y llorar lastimosamente). Compuesta en 1726 para el segundo domingo después de Epifanía, fue estrenada el 20 de enero de aquel año.



El texto es de Georg Christian Lehm y dice en alemán lo siguiente:

Ächzen und erbärmlich Weinen / Hilft der Sorgen Krankheit nicht; / Aber wer gen Himmel siehet / Und sich da um Trost bemühet, / Dem kann leicht ein Freudenlicht / In der Trauerbrust erscheinen.

Su traducción al español sería:

Gemir y llorar lastimosamente / no ayuda al mal de tus cuitas; /pero para quien mira al cielo / e implora su consuelo / puede brillar una suave luz de alegría / en su enlutado pecho.

Como ilustración de la misma, os dejo dos versiones. La primera está interpretada por Dietrich Fischer-Dieskau, y la Orq. Filarmónica de Berlín dirigida por Karl Forster.



La segunda por Bas Ramselaar, el Netherlands Bach Collegium dirigido por Pieter Jan Leusink.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Bach Catedral


Thomas Quasthoff afirmó en su día:

"Al principio de mi carrera, Bach era como una pequeña capilla, que me resultaba muy familiar y que creía conocer muy bien. Con el tiempo, se ha convertido en una gigantesca catedral, que ya no conozco y que comprendo cada vez menos. Su música tiene una grandeza que le distingue de casi todos los compositores."

domingo, 2 de septiembre de 2018

Piano mecánico


Os dejo esta mañana una cita de Alessandro Baricco, concretamente de una de sus novelas más sugerentes, "City": 

La vida había sido eso, trenes que se iban llenándose y trayendóse a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas, manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar. 

De propina, música de John Cage. 


sábado, 25 de agosto de 2018

Feliz Primer Centenario, mister Bernstein



Recuerdo la primera vez que lo vi por la tele, también la última. La primera en Viena, la última en Tanglewood. No transcurrieron muchos años entre una y otra, a lo sumo cuatro, por mucho que bajo la óptica de la adolescencia parecieran un mundo. Sea como fuere, de una parte Mozart, de otra Beethoven, en mi memoria se quedó la imagen de LEONARD BERNSTEIN, ese director de orquesta de pelo nevado y gestos de mago de circo. 

En discos de vinilo, luego en cedés, desde entonces siempre ha rondado por casa, sobre todo cuando vestía su musicalidad con Mozart, Beethoven, Brahms, Tchaikovsky o Mahler. Se convirtió, pues, en una suerte de vecino que acudía a consolarme con su talento cuando estaba de bajón o a espolearme cuando me sentía eufórico. Su Mahler es uno de los mejores de cuantos he escuchado jamás. Parte de lo que soy, no sólo se lo debo a la música, sino también a él, a Lenny.

Que fuese el compositor de la inmortal música de "West Side Story" o de una misa de grandes proporciones, que firmase una de las mejores bandas sonoras de toda la historia de la música, "On the waterfront" ("La ley del silencio" en español), o se hiciese famosísimo en EE.UU. gracias a su serie de programas para CBS titulada "Concierto para jóvenes", no hace más que afirmar su importancia en el panorama musical de la centuria pasada. A ello hay que sumar el hecho de que estrenó una de las mejores sinfonías de todo el siglo XX, la "Sinfonía Turangalila" de Olivier Messiaen en Boston, año 1949, o que dirigió el estreno estadounidense de "Peter Grimes" de Benjamin Britten.


Director de fértil carrera discográfica, dejó un puñado de inmortales grabaciones: la "Sinfonía nº 6, Patética" de Tchaikovsky con la Filarmónica de Nueva York, honda y trágica, nigérrima como pocas; las "Sinfonía nº 5" y "Sinfonía nº 7" de Jean Sibelius con la Filarmónica de Viena; y su segundo ciclo de las diez Sinfonías de Gustav Mahler al frente de varias orquestas. 

Como quiera que Bernstein nació en Lawrence el 25 de agosto de 1918, y dada la importancia que su figura siempre ha tenido para el que esto escribe, hoy estamos de celebración en El perro de Mozart: uno de nuestros más insignes vecinos cumple sus primeros cien años. ¡Felicidades, Lenny! 

Os dejo por último con la grabación del primer concierto que le vi por la tele: corría el año 1982. Bernstein toca y dirige el "Concierto nº 17" de Mozart al frente de la Filarmónica de Viena. Espero que os guste.





 

martes, 17 de julio de 2018

domingo, 22 de abril de 2018

Júpiter en música

Jean-Baptiste-Antoine Forqueray (1699- 1782): "Júpiter". Interpreta Maurycy Raczyński.


domingo, 25 de marzo de 2018

Discusión bizantina




¿Leyenda? ¿Invención de algún biógrafo? ¿Sucedió en realidad? Qué más da, el episodio es tan elocuente que poco importa el origen del mismo. Sea como fuere, aquí tenéis esta conversación entre cuatro de los mejores directores de orquesta del siglo XX, Carlo María Giulini, Georg Solti, Leonard Bernstein y Herbert von Karajan, cuatro monstruos sagrados de la música:

—Me ha dicho Dios que soy el mejor director del mundo —dijo en un momento dado Carlo Maria Giulini sin inmutarse.

—Qué raro —respondió Georg Solti—. Precisamente Él se me ha aparecido y me ha asegurado que yo era el número uno porque además de director, soy un excepcional pianista. 

—No lo entiendo —intervino Leonard Bernstein—. Dios me comentó anoche que no había dudas sobre mi hegemonía: soy el mejor director, el mejor pianista, el mejor compositor...

Y, entonces, intervino Herbert von Karajan, que dijo: 

—Amigos míos, no recuerdo haberos dicho nada.


jueves, 22 de marzo de 2018

Re-re-reflexión


A veces me pregunto qué me atrae realmente de la música de Wolfgang Amadeus MOZART, qué la diferencia de la de otros compositores por quienes siento admiración (léase Bach, Beethoven, Brahms, Schubert o Mahler). Tal vez sea porque ejemplifica mejor que ninguna otra la luz en la sombra, Hammershøi en Sol menor, pálido fuego sobre una ventana de cuarterones. Una lágrima sacrificada en un bautizo. O justamente por todo lo contrario, por ser ese borrón de tinta que florece entre ideogramas chinos. Deformidad proporcionada, anomalía hermosa. El Hombre Elefante vestido para ir a la ópera. Esa nube que, en mitad de un verano patricio, busca el eclipse momentáneo. Lo que en otros compositores suena empuje telúrico, desánimo a raudales o arquitectura catedralicia, en Mozart es juego, trabalenguas, caricias en re-re-repetición, una broma casi trá-trá-trágica, o un dra-dra-drama entre carcajadas. Ese desorden que Amadeus calculó hasta la última semicorchea para arrancarnos una sonrisa, o directamente la piel a tiras.  

- - - - - 

A modo de colofón, os dejo el tercer movimiento del Concierto nº 13 para piano del compositor de Salzburgo. En él, además de otras delicadezas, oiréis dos anomalías hermosas, dos lágrimas en mitad de un bautizo: de una parte, entre los minutos 1:12 y 2:18, y de otra, entre los 6:18 y 7:28.

  




sábado, 24 de febrero de 2018

Réquiem, de Michael Haydn

Como quiera que fuese Hilario Barrero, poeta toledano en Nueva York, el verdadero inspirador de esta nueva entrada de la Casa Deshabitada, se la quiero dedicar a él. Con todo mi cariño y admiración. Hilario, lo prometido es deuda.


Michael Haydn escribió su Missa pro defuncto Archiepiscopo Sigismondo, conocido más simplememte como su RÉQUIEM, después de la muerte del Conde Arzobispo Sigismund von Schrattenbach ocurrida en Salzburgo el 16 de diciembre de 1771. Haydn completó la obra antes de que finalizase el año, en apenas quince días: la firmó el 31 Diciembre. Tal vez (es una suposición sin mayor fundamento) ya lo tenía compuesto mentalmete, y sólo esperó la ocasión perfecta (el óbito del Arzobispo) para transcribirlo al papel pautado; a este respecto hay que recordar que a principios de ese año de 1771, en enero, falleció la hija de Haydn, Aloisia Josefa, cautro días antes de cumplir su primer año. Quizá el compositor cantaba la muerte de su propia hija y no tanto la del Arzobispo.

El Réquiem está compuesto para cuatro solistas vocales (soprano, contralto, tenor y bajo), coro mixto y orquesta (2 fagots, 4 trompetas, 3 trombones, timbales, cuerdas y bajo continuo). Tanto Leopoldo como su hijo Wolfgang Amadeus Mozart estuvieron presentes en las primeras tres interpretaciones del Réquiem en enero de 1772 en Salzburgo. A poco que se afine el oído se puede rastrear la sombra de esta obra sobre el Réquiem que compondrá Mozart veinte años después, en 1791. Y influyó a Mozart,  hizo lo propio con Franz Xaver Süssmayr, alumno del autor de "Las bodas de Fígaro" y encargado de finalizar el Réquiem que su maestro dejó incloncluos a su muerte.

Estas son las distintas partes de este réquiem: 
1. Requiem aeternam, Adagio.
2. Sequentia Dies irae, Andante maestoso
3. Offertorium Domine Jesu Christe ("Rex gloriae" Andante moderato / "Quam olim Abrahae" Vivace / "Hostias et preces" Andante / "Quam olim Abrahae" Vivace e più Allegro)
4. Sanctus Andante ("Benedictus qui venit..." Allegretto)
5. Agnus Dei et Communio ( "Agnus Dei, qui tollis peccata mundi" Adagio con moto / "Cum sanctis tuis" Allegretto / "Requiem aeternam" Adagio / "Cum sanctis tuis" Allegretto)

Las SEIS versiones de este RÉQUIEM que voy a enlazar gracias al maravilloso invento de Youtube aparecen listadas de la siguiente manera: cuarteto vocal solista (soprano, contralto, tenor y bajo), coro, orquesta y director. 

1) Para empezar os dejo esta versión en vìdeo (no suena demasiado bien por saturación del audio); además de la puesta en escena, en parte muy original, Mustonen dirige la obra con cierta morosidad, lo que en determinados momentos intensifica la belleza de la misa, y en otros los lastra. Nada lo suficientemente grave:
Anu Komsi, Wivan Nygård-Fagerudd, Topi Lehtipuu y Petteri Salomaa. Helsinki Chamber Chor, Finnische Radio Sinfonieorchester. Dirige Andres Mustonen. 


 
2) Otra excelente versión en vídeo (igual que la otra, el audio se satura algo). El bueno de Pichon dirige con mucho entusiasmo y verdad la obra:
Malin Christensson, Marianne Crebassa, Julien Behr y Andreas Wolf. Ensemble Pygmalion. Dirige Raphaël Pichon. 


3) Ésta con Ivor Bolton es acaso una de las mejores, tomada en vivo. El director lee la obra con extremado cuidado y sensibilidad: 
Iride Martinez, Anna Bonitatibus, Christoph Strehl y Luca Pisaroni. Salzburger Bachchor. Mozarteum Orchester Salzburg. Dirige Ivor Bolton (grabación del Festival de Slazburgo del año 2004)



4) Ésta otra versión es una de las más lentas. Aquí todo es monumental y sentido (las otras versiones, menos la de Mustonen, son sensiblemente más rápidas). Puro epitafio:
Siglinde Danisch, Gabriele Schreckenbach, Chris Merrit y Harmut Müller. Salzburger Rundfunk. Mozarteumchor Mozarteum Orchester Salzburg. Dirige Ernst Hinreiner (creo que es una grabación de 1981 para el sello Koch).



5) Por sonido y por su visión historicista, ésta es una de las más frescas e interesantes versiones. Estos señores franceses hacen música antigua como nadie, y Guy Jenssens no iba a ser menos. Excelente coro (el audio del Youtube suena bastante mejor que otros de arriba): 
Elke Janssens, Sandra Naze, Philip Defrancq y Arnout Malfilet. Laudantes Consort. Dirige Guy Janssens (es una grabación para el sello Cypres del año 2007). 



6) Y por último, con instrumentos modernos, como la de Hinreiner y la de Bolton, os dejo esta de Helmut Rilling. No es la que más me gusta, pero sin duda es una gran versión:
Ibolya Verebics, Judit Nemeth, Martin Klietmann y József Moldvay, Hungarian Radio and Television Chorus, Liszt Ferenc Chamber Orchestra. Dirige Helmut Rilling (grabada para Hungaroton en 1989).




El Habitante Incierto de esta Casa Deshabitada se dará por satisfecho con que un solo aficionado a la música halla descubierto esta hermosa misa de réquiem. No pide más premio. Eso sí, recordad que estas versiones, todas, suenan mejor en sus formatos originales; así pues, os animo a buscarlos. 

sábado, 27 de enero de 2018

¡Feliz 262 cumpleaños!

Hoy, 27 de enero, cumple años el bueno de Wolfgang Amadeus Mozart. Su música, 262 años después de nacer en Salzburgo, sigue sonando igual de actual y fresca. Larga vida a tu obra, maestro. 


Interpretan Kiri Te Kanawa, el Coro y la Orq. Sinfónica de Londres y Sir Colin Davis el "Laudate Dominum" de las "Vesperae solennes de confessore K 339", del año 1780:


lunes, 8 de enero de 2018

Réquiem Kv 626


Hoy os dejo estos versos poema de Amparo Amorós, Réquiem Kv 626, publicados en su poemario "La honda travesía del águila", editado por Edicions del Mall en Barcelona, año 1986:

Hay un arrebatado descender 
de los cuerpos del fuego, 
remolino en pavesas, 
a los adentros últimos del caos
y el tiempo es un gemido
despeñando
para habitar el seno manantial de la nada.
¿Qué no saber en yescas clama el mundo?
¿Será el destino un carro sin auriga

que tiran dos caballos contrapuestos
en ciega cabalgada hacia el abismo?
Vuelta crin de relámpago la voz
con su hoja de luz siega las bridas
cuando ya la carrera desemboca
al vértigo del aire en el vacío:
el sosiego es un súbito silencio,
un tiempo en que morir sería sólo 
el cumplimiento de una coherencia.

Porque ¿cómo decir que el velo fue rasgado
y lo que contemplamos,
dar un nombre de júbilo
al rastro sin facciones
de la devastación, 
sellar una belleza más allá del horror 
con el lacre final de la sonrisa?

Si fuimos convocados a gozar
del festín clandestino
y una escarcha de sal nos cubre el paladar
como campo agostado
¿para qué resistir al imán que nos llama?
¿por qué no responder con la entrega
a la voz 
de ese ángel terrible?

Abandonarnos, pues, fuera más lúcido
para ser finalmente devorados
por las fauces sonoras de la música. 


lunes, 1 de enero de 2018

Cincuenta y dos minutos


Mi amiga Saya me invita a pasear muy temprano,
cuando aún no se ha ensamblado la mañana.
¿Repetimos, vieja compañera, el paseo de otros años?

Lo primero es el matemático relevo de dos coches: rápido uno
para vaciar, raudo el otro para llenar esos metros de asfalto.
Y un primer viajero que se despide con el tableteo de su maleta de ruedas.

Lo segundo, el frío, que no alcanza el grado de masaje y que acuna a
esas parejas que se recogen, Leonora con los tacones en la mano, o
haciendo equilibrios sobre ellos; Florestán jugando a Casanova.

Lo tercero, el denominador común del lenguaje gangoso del alcohol,
que facilita las risas, allana las bromas, propicia los abrazos,
también la comunión de los besos cruzados sobre las mejillas.

Lo cuarto, esa larguísima de soñadores insomnes que hace guardia
en la esquina de calle Granada: ¡ningún taxista os va a meter en la cama,
compañeros de viaje, ni a cantar ninguna vieja nana!

Lo quinto, los ciclistas y corredores solitarios y a destiempo,
y las farolas que duermen a las 8:32 horas, también esas bandadas
de personas con alas que zurean o levantan el vuelo a su antojo.

Lo sexto, botellas de champán y antifaces, bolsas evisceradas
de cotillones, esa bengala que se ofrenda en honor a la última batalla,
y el olor de una pastelería aún cerrada, que se cuela bajo la persiana.

Lo séptimo, ajeno a los que aún despeinan la mañana con sus vagabundeos,
un albañil hinca las rodillas en calle Comedias, mudo homenaje a
todos cuantos trabajan ahora mismo, abstemios de fiesta y descanso.

Y lo octavo, la música de Beethoven que anida en los auriculares
y que habla de la condesa von Browne. Amanece el Largo e mesto
de su Séptima Sonata para piano, compuesta hace 220 años.
 
Los sueños que pudieron albergar el compositor y la Condesa son
los mismos que ahora atesoran el viajero con su tableteo de ruedas,
los mismos de Leonora y Florestán, tacones en la mano, Casanova la sonrisa;
y los de quienes aún esperan la caridad de un taxista que, por descontado,
pasa de largo porque ya está harto de soñadores borrachos;
y que los de ese albañil que trabaja a destiempo y a deshora.

Si el horizonte de 2018, amiga Saya, fuese tan claro como el de
esta mañana, no habría que temer al advenimiento de pasado mañana;
no lo haré en tanto me queden tu fidelidad y la de Beethove
n. 



De propina, os dejo el Largo e mesto de la Sonata nº 7 para piano Op. 10 nº 3, de Ludwig van Beethoven en las manos de Murray Perahia.  




lunes, 25 de diciembre de 2017

Feliz Navidad con Glenn Gould

Extrañísima y fascinante versión de la célebre Marcha alla Turca de Mozart pertenenciente a la sonata K. 331. Glenn Gould, que se jactó de despreciar la música que el genio de Salzburgo compuso para piano, nos regala una lectura única, a la contra. Casi un desafío, una locura que sólo sería capaz de aplaudir el mismísimo Amadeus. 


Guste o no, os la dejo como regalo de Navidad.




Para quien aún no la haya leído, dejo aquí el enlace de la novela GLENN, 
Premio Jaén de Novela 2015: 
http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=3070&edi=1

jueves, 21 de diciembre de 2017

Réquiem por un personaje

RÉQUIEM PARA MIGNON Op. 98B, de Robert Schumann


La obra en cuestión está basada en el libro octavo de "Los Años de Aprendizaje de Wilhelm Meister" de Goethe, donde se describe el funeral de Mignon. 

Los intérpretes de esta versión son: Barbara Bonney, soprano. Brigitte Poschner-Klebel, soprano. Margareta Hintermeier, mezzosoprano. Dalia Schaechter, contralto. Jorge Antonio Pita, tenor. Andreas Schmidt, bajo. Konzertvereinigung Wiener Staatsopernchor.The Chamber Orchestra of Europe. Claudio Abbado, director.

martes, 12 de diciembre de 2017

Experianza, de Alberto Vilas


Cuando un artista cree firmemente en lo que hace, el mensaje llega con nitidez al público. Ya sea un lienzo, una novela o un disco. El pianista y compositor Alberto Vilas, que ya ha visitado esta Casa Deshabitada con su Ubuntu (abajo el enlace a la reseña de este blog) y Crónica cromática (ídem), dejó sentadas las bases de su estilo en este su primer cedé, EXPERIANZA, y desde entonces cree ciegamente en la fuerza poética de la melodía. El jazz, universo musical donde todo es posible, tiene en el gallego a un músico de inagotables ideas, poco dado a las extravagancias, y que confiere a todas sus obras un sonido muy característico. Al oír el disco uno puede rastrear la sombra de otros grandes pianistas compositores, incluso el sabor de los clásicos.

El Habitante Incierto posa con el cedé
El saxo de Rosolino Marinelo enuncia el tema de Experianza, punteado luego por la guitarra de Felipe Villar . El piano de Alberto Vilas aparece compases después para decir la misma música, en primer término, y después llevarla por el camino de la divagación, sendero que transitarán en breve el saxo y la guitarra. Cuando parece que la pieza ha llegado al final, el piano señala a media voz un otro camino con una nueva melodía para acabar la pieza con una luz muy diferente a la del inicio.

Al principio de Océana el saxo navega sobre el oleaje de la rítmica, en manos de Javier Barral y Juansy Santomé, hasta que se agota. Aguarda la aparición del piano, que de inmediato practica el cabotaje del silencio, praxis en la que el compositor se muestra un maestro: escancia las notas casi una a una para que el resto de instrumentistas hallen el motivo musical exacto con que seguir adelante. La guitarra caza notas al vuelo antes de que el oleaje del inicio vuelva a zarandear la pieza.

Alberto Vilas en Gorm, pieza dedicada a Manu, ataca las primeras notas e impone el ritmo a los demás músicos. El saxo, al cabo de los compases, desobedece del mandato del grupo y se ejercita en el monólogo. Pero todo vuelve a su cauce primigenio en los compases finales.

Música a media voz la de este Interludio, que aparece en cuarto lugar del cedé, consagrado a la guitarra, que escancia apenas unos susurros. Esta pieza se titula igual que el octavo corte del disco, del que se diferencia en casi todo.

Juntos el saxo y la guitarra recitan la bella melodía de Barco volador con la aquiescencia del piano. En esta travesía todo tiene su sitio de la manera más natural. Compases después la guitarra, en primer lugar, el saxo, en segundo, zarpan en busca de su propia esencia. Si en los solos se halla parte del alma del jazz, Villar y Rosolino dejan aquí parte de la suya.  

Pieza de pujanza la de este Gurú, que Vilas se encarga de avivar con su insistencia. Tiene lugar, cuando todo parecía aparentemente en su sitio, un instante maravilloso en que el saxo desvaría notas, se desgañita, sobre el parloteo casi canoro del piano y el repiqueteo de la batería. El guitarrista halla un pequeño hueco donde impartir su magia antes de que el piano recuerde la pujanza inicial y todo se precipite.

La guitarra protagoniza el inicio de Nexos. Sueña notas, armonías lo suficientemente sugerentes como para que el compositor las siembre sobre su piano. La cosecha es instantánea, una balada que soñar con los oídos abiertos. Apenas hay que cerrar los ojos para que te atraviese la belleza.

Esta pieza, Interludio, comparte título con el cuarto corte del disco, del que se diferencia en casi todo. Por extensión y ambición, y por protagonistas. Si en el primer interludio sólo cantaba la guitarra, en este segundo participa todo el grupo. Es verdad que no sólo comparten nombres, sino los acordes y la melodía. Como si el primer Interludio fuese un anuncio del segundo, o éste un eco de aquél.

A juzgar por el arranque, por las sugerencias dichas desde el piano, 960 lúas se antoja una pieza donde primará la rítmica. Ocasionales frases del saxo, la guitarra y el contrabajo desbaratan la idea inicial. La música casi se acuclilla, busca refugio en los susurros. Y cuando parece que todo acabará así, a media oscuridad, surge de nuevo la luz de la rítmica. Y los instrumentos se encienden y la música levanta el vuelo. 

En Nestre intre, música dedicada a Iago, el piano dice mientras que el saxo y la guitarra responden. El piano contradice, luego el saxo añade excusas a la respuesta de antes. Como un niño que se cansa pronto de sus juguetes, la pieza se agota y deja en paz y solo al silencio. 

Tras la enunciación de la melodía principal, Desterrados deja espacio al piano para que, sacudido por la batería, desarrolle su solo. Con la fraternidad de la guitarra, el saxo contradice al teclado. No hay luchas en estos compases, acaso la constatación de que el grupo es más grupo unido que disgregado, que la música es más música si se comparte con otros.

Tal y como sucediera con sus cedés posteriores, los citados Ubuntu y Crónica cromática, este EXPERIANZA acaba con una pieza para piano solo, Naquela estrela, tan breve que apenas da tiempo a decir su nombre. Es la rúbrica callada de Alberto Vilas a su primer disco, y el inicio de una singularidad. Muchos de los seguidores del músico anhelamos que, vencidos los contratiempos, sea capaz de alumbrar un disco en que las ochenta y ocho teclas de su instrumento canten en solitario.

Para conseguir EXPERIANZA, pincha en el enlace:  
http://albertovilasquintet.wixsite.com/albertovilas/shop
 
En resumidas cuentas, el disco se degusta de un tirón. Además de la belleza de la música, EXPERIANZA cuenta con un excelente grupo de músicos, a saber: Alberto Vilas al piano, Rosolino Marinelo al saxo, Felipe Villar a la guitarra, Javier Barral a la batería y Juansy Santomé al contrabajo. Si te gusta el jazz sin etiquetas, a mitad de camino entre lo clásico y lo inciertamente contemporáneo, prueba con este disco. Te llevarás un hermosa sorpresa.

Para leer la reseña de Ubuntu, pincha en el enlace: 
https://guerradoblemuerte.blogspot.com.es/2016/05/ubuntu-de-alberto-vilas.html 

Para leer la reseña de Crónica cromática, pincha en el enlace: https://guerradoblemuerte.blogspot.com.es/2017/01/cronica-cromatica-de-alberto-vilas.html

Para finalizar, os dejo un youtube donde el quinteto interprera la pieza que da nombre al disco.



domingo, 26 de noviembre de 2017

martes, 7 de noviembre de 2017

La condesa Pejacevic

 
Es preciso que yo defienda o ensalce la música escrita por una mujer por el simple hecho de ser mujer. Pues no: su música ES por sí misma, y por si no fuese bastante, además de valiosa, ha sobrevivido al paso del tiempo. 

Ella fue Dora Pejacevic. Nació en 1885, murió en 1923. Perteneció a la familia noble de los Pejacevic. Además de condesa, fue la compositora croata más importante de su época. 


Para muestra, un par de botones. En primer lugar, aquí tenéis su hermosa "Sonata para chelo y piano en Mi menor Op. 35", redactada en 1913.
 

Y ahora su "Trío para violín, chelo y piano en Do mayor Op. 29", escrito en 1910.