Blog personal de Alejandro Castroguer

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lunes, 7 de diciembre de 2015

Gregor Samsa frente a la ventana, de Álvarez Velasco


Título: Gregor Samsa frente a la ventana
Autor: Francisco Álvarez Velasco
Año: 2015
Editorial: Hyperion
Páginas: 68

Este poemario ha sido galardonado con el XXXI Premio Jaén de Poesía


Texto de contraportada: Francisco Álvarez Velasco (Cimanes del Tejar ­–León–, 1940) ha sido profesor de Literatura en institutos de bachillerato de Ocaña, Tarancón y, durante veinticinco años, en el Real Instituto de Jovellanos de Gijón, ciudad donde reside.
 

Obra poética: Tiempo de maldición, Madrid, 1979; «En el nombre del árbol» (en el colectivo Libro del bosque), Gijón, 1984; «Tierra» (en el colectivo TetrAgonía), Gijón, 1986; Del viejísimo jugo de la tierra, Gijón, 1988; La hiedra del silencio, Madrid,1993; Noche, Madrid, 2005, Hiperión (Premio internacional "Antonio Machado en Baeza" y Premio de la Crítica en Asturias); Las aguas silenciosas, Gijón, 2007; La luna tiene una liebre, Oviedo, 2009; Memoria de la sombra, Cáceres, 2010; El libro de las vocales, Gijón, 2013.
 

En Gregor Samsa frente a la ventana el poeta, desde la memoria de la infancia hasta el momento de la escritura de los poemas, hace un balance de la crueldad y la ternura de las que ha podido ser actor o testigo. El jurado que le ha otorgado el premio "Jaén" ha subrayado la alta calidad lírica, la gran capacidad de sugerencia y el contenido emocional y reflexivo del libro, así como su acertada intertextualidad.


El Habitante Incierto frente a la ventana
Si hablar de cualquier libro ya es difícil, imaginaros lo que es enfrentarse, con la única ayuda de un teclado y un puñado de ideas, a un poemario. Un libro de relatos y una novela pueden ser esquivos, cierto, pero no lo bastante en comparación con los poemas, esas sombras chinescas que se tatuan en tu cabeza y te rodean durante días, esas músicas que anidan en tu pecho, quebrando la tranquilidad —terquedad, apuntaría— de lector de prosa.  


Álvarez Velasco cosecha aquí treinta y nueve poemas y un poema, acaso treinta y nueve Gregor Samsa —cada uno frente a su ventana— y la ventana propiamente dicha. Y es que el poema final, titulado metaliterariamente "Poema", no es otra cosa que un espejo sin azogue, la ventana a través de la cual el lector debería contemplar —se me ocurre ahora— la relectura del poemario.



POEMA

Amontonando sílabas de arena
con la que el mar y el tiempo se alimentan, 
de las palabras más amadas te hice
agitando las brisas de la vida, 
el polvo de la muerte y los caminos.

Ahora estás en la página esperando
el soplo de unos labios
y el dedo que camine los renglones
solo para vivir
unos instantes.


Pues bien, sea acertada o no la interpretación acerca del verdadero sentido 
de estos últimos once versos, lo cierto es que los treinta y nueve poemas y 
un poema conocen "el polvo de la muerte y los caminos". 
Nombran jamás a la tarde en pleno noviembre y, de paso, 
"las palabras prohibidas que aplazarán la muerte".

Prestan oídos a la naturaleza, a "una fuente, un arroyo y un río", al "piar que 
anuncia la tormenta" y a "la sed de agosto". Reniegan, aunque a veces trata 
de comprenderla, de la herrumbre consustancial a la civilización: 
la ciudad que no despierta, el "chorro de agua inútil que lava las aceras".

El lector se convierte, poema a poema, en notario de afrentas, de la desventaja 
de "un narciso contra las viente ortigas", de "un aceite solo contra dos vinagres".
Se convierte en fedatario de contradicciones, de ternuras de niños y de 
crueldades adultas de infantes, de amores y escarnios, de sacrificios y pieles 
y "pájaros alegres de Vivaldi en primavera".

La infancia frente a la ventana de la vejez, el campo frente a la ventana de 
la ciudad. El amor a los animales frente a la ventana de la crueldad de los 
humanos. Miedo y fiereza frente a piedad. 
El hervor de la vida en franca desventaja contra 
"el hervor de la muerte que no cesa".


Con esta montonera informe de palabras, el lector tal vez no se haga una idea exacta de la corriente que fluye a través de cada una de las hojas de este libro, de la grandeza mínima de cada silencio, de cada imagen. Torpeza mía, sin duda, cárguese sobre mis espaldas tamaño error. A modo de disculpa, valga decir que, en tanto no caiga otro libro de Álvarez Velasco en mis manos, no seré más que un mendigo —tal y como reza el primer verso del poemario— "esperando monedas para el hambre". 
 

1 comentario:

  1. En diciembre de 2016, este poemario recibe el Premio de la Crítica de Poesía de Asturias.

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